domingo, 5 de abril de 2026

LA PERINOLA

 Por Humberto Frontado

 



     En mis años florecidos, 

mi padre con tierno afán 

me regaló un talismán 

en mi día de cumplidos. 

En bolsa de panes cocidos 

enrollada venía envuelta 

una perinola despierta 

en colores de arrebol. 

¡Qué destello de farol 

en mi niñez, ya despierta!

 

     De mamón la dura rama 

y un guaral de fuerte entraña, 

su madera que no engaña 

bajo el sol que la reclama. 

Los fines de semana en calma, 

con su afilada navaja, 

la labró a trazo que baja 

y sube por cada lado. 

Quedó el madero tallado 

como un fruto de mortaja.

 

      Desde entonces fui su dueño, 

no me pude separar, 

día y noche sin cesar 

jugaba en vigilia y sueño. 

Mas dominar su diseño 

fue un reto de los seis años: 

golpes de mano, extraños 

chichotes y ceja hinchada. 

¡Hasta a mi hermano a la entrada 

en un diente le hice daño!

 

      Es tradición que se delata 

en nuestros pueblos y el mundo. 

Tiraboquei en Oriente profundo 

o del Zulia Emboque que salta. 

De madera, plástico o lata  

de cualquier material se erigía. 

Aprendí su geografía 

a cuatro velocidades: 

martillito, dobledades 

del palito y de la hembrita. 

La perinola me grita: 

«¡Insistir es la conquista!»

 

05-04-2026

 

© Derechos reservados 2026.

Corrector de estilo: Elizabeth Sánchez.


Resumen de la ultima entrega

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