Por Humberto Frontado
Alma
repleta de mística y pasión,
entregándose a
sus discípulos
en gesto
silencioso y total.
Henchido de conocimiento y
experiencia
compartía su
tesoro,
semilla que
crece en tierra fértil.
Vocación
como un llamado superior,
destino
amalgamado con moral y luces.
Un camino
elegido con conciencia clara.
Convicción
interior,
fuego interno;
fuerza para
soportar servil estipendio mísero,
sin que
decayera su espíritu.
Consciente
de su sagrada labor,
eslabón
esencial en la continuidad generosa;
arquitecto
del futuro social.
Su autoridad emanaba integridad,
una conducta
intachable y serena.
Imponía
respeto sin alzar la voz.
Referente
ético dentro y fuera del aula,
faro
inquebrantable de progreso humano.
Guía en la
niebla de la indecisión.
La
austeridad era su ejemplo y virtud,
dedicación
pura al bien común;
riqueza
medida en actos, no en cosas.
Creatividad
ante la necesidad urgente,
artesano
paciente del saber práctico;
moldeando
soluciones con ingenio.
Disciplina
clara y consistente,
aplicada con
firmeza y justa medida
inculcando el
valor del esfuerzo tenaz.
Cubierto
en un aura holística,
era
consejero,
guía tejido
de paciencia
con un
interés genuino y profundo.
Ser
recordado con cariño y respeto,
esa es la
máxima consagración,
fruto eterno
de su valía y entrega.
08-02-2026
©
Derechos reservados 2026.
Correctora
de estilo: Elizabeth
Sánchez.







