Por Humberto Frontado
No es
una metamorfosis elegida,
está escrita en la carne
por imperiosa necesidad.
Llegaron
con sus artilugios brillantes,
herederos de una tecnología
que ya no entienden.
Empuñan
la desesperación como un arma.
Aún nos queda un ápice
como recurso valioso de vida.
Como guardián
de un bosque que ya no existe,
soy un obstáculo para sus trampas.
Mi
cuerpo es un estado de voluntad primigenia
que decidió ser, yo mismo,
una trampa viviente.
Mi
piel es un territorio de alerta,
lo que antes eran poros
ahora son aristas erguidas que hieren.
El temor,
la adrenalina,
la simple sombra de un movimiento sigiloso
desencadena la erección de mis defensas.
Soy
una fortaleza viviente,
impenetrable;
consciente de que mi cuerpo
es mi prisión.
Ya no
son peligro
mis enemigos furtivos,
ahora son la soledad;
los raros momentos de calma.
Soy
producto de la violencia que combatí,
me convertí en un ser inabordable.
He
perdido la capacidad de caricia.
Soy la forma perfecta de extinción,
ya no podré rozar la mano de otro
sin causarle daño.
22-03-2026
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Correctora de estilo:
Elizabeth Sánchez.








