Por Humberto Frontado
En la
cúspide del poder
se asoma la sardónica sonrisa
de la manipulada biblia constitucional.
Con ella se extirpa
cualquier diestro paganismo
o pretendida herejía.
La emparchada política
oficial
exagera a extremos su
martirologio,
todos son santos sin
devoción.
País cegado y envuelto
en el humo pastoso de un
incienso,
que aleja cualquier
iniciación a supersticiones
gentiles.
Lo opuesto es pagano,
gente demente y escuálida.
Insanos supersticiosos,
perversos y depravados;
de espíritu sedicioso.
Expropiando la endeble razón
implantaron una forma
particular
de tratar al prójimo.
Velado en un aura de
inmunidad
y jurisdicciones excepcionales
atienden desde el clero
celestial.
Se adjudican licencia
para solicitar sacrificios
por la roja santidad,
o morir atravesado
por la espada vengadora.
Pueblo expuesto
a la pena capital de la
inquisición,
en caso de no reverenciar
a viejos santos
libertadores.
Una minoría que se ha impuesto
con disposiciones ilegales,
pisotean y acorralan
sediciosos
hasta torturar sus almas.
Mientras el poder tenga
ídolos,
la resistencia aportará
mártires;
la verdad será la primera
víctima.
Vivir la esperanza sutil
de que el simiente que dejen
estos falsos profetas
se extinga perpetuo.
31-05-2026
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Corrector de estilo:
Elizabeth Sánchez.







