domingo, 15 de marzo de 2026

LLUVIA MERCURIAL

Por Humberto Frontado


  

     Sucedió a las doce en punto del medio día.

Considerables años atrás,

una pequeña y descarriada nube amarilla

caminaba parsimoniosa por el desértico cielo.

 

     Sobre lo que sería La Isla de Coche,

bastaron solo diez minutos

para que se espichara entre la calma

aquella densa bolsa de agua sulfurosa.

 

     Fue una mezcla coincidente de energía viva,

un cruce exacto de física, química y meteorología;

un milagro ácido gestándose en lo alto.

 

     Grandes gotas como lanzas descendieron,

perforando sin piedad lo que encontraban:

hojas, piedras, arena,

huesos de la tierra.

 

     El repiqueteo de aquellas fulminantes lágrimas

entonaban una lúgubre marcha

sobre el polvo y la piel de los minerales.

 

     Los cardones y tunas,

heridos por el fuego líquido

se prendían en llamas de repente,

atizados por raros remolinos.

 

     Espirales que se alzaban hacia el zénit,

bailando con la lluvia mercurial;

mezclando lo quemado con lo celestial.

 

      El paisaje íntegro crujía y se retorcía,

mientras la luz amarilla del nubarrón

penetraba en cada grieta de aquel montículo.

 

     Cuando la presencia efímera cesó,

todo quedó sumido en un sosiego silencio;

impregnado de un seco aroma de olvido.

 

     Solo quedó el huraño islote,

flotando en el horizonte,

mudo y calcinado

buscando donde encallar;

con el recuerdo eterno

de aquella descarriada nube

que a las doce en punto

cambió la luz por sed.

 

15-03-2026

 

© Derechos reservados 2026.

Corrector de estilo: Elizabeth Sánchez.

1 comentario:

  1. Este poema trasciende la anécdota para instalar una pregunta sobre la huella indeleble que el tiempo y sus fenómenos dejan en la geografía y en el espíritu de los lugares. Es una elegía a un paisaje transformado por un milagro terrible y hermoso.

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