Por Humberto Frontado
Corcel
ancestral que golpeas almas
con pasos al viento
de tradición y armonía.
Imponente
línea melódica
que marcas el sinuoso flujo
del río de formas,
carácter y cantos.
No
hay son que no nazca
y se afiance en la cadencia,
que no se sostenga
al diálogo incólume del tambor.
Eres
fraseo que hablas,
lloras,
festejas con tu potencia expresiva.
Repiqueteo
que se acopla al cuerpo,
antes que la impertinente razón
la desentrañe.
Como
un llamado
que despierta el movimiento
casi involuntario,
eres repuesta orgánica
acumulada en el tuétano de nuestros huesos.
Agitas
la memoria muscular
que nos conecta con un origen profundo,
a un continente que hizo del ritmo su hogar.
Acompasas
nuestras caderas,
hombros y pies,
fuera de toda rígida partitura.
Brotas
en nosotros
como una lengua materna,
anterior a la palabra.
Nos
atrapas en la memoria viva,
en códigos
que la ancestral diáspora del ritmo nos heredó.
29-03-2026
© Derechos reservados 2026.
Corrector de estilo:
Elizabeth Sánchez.

Este poema es una oda al tambor y a la percusión como lenguajes anteriores a la palabra, capaces de convocar movimiento, emoción y pertenencia cultural.
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