Por Humberto Frontado
Gracias
te doy
metálica amiga bañada en polvo estelar.
Me llevaste más allá de la calle Urano,
después de esquivar los aros de Saturno.
Fuiste
nave galáctica de rayos cromados
con la que surqué ese universo
de enredadas calles y estrechos brocales;
zigzagueando el destino trazado en amarilla tiza.
Una a
una visité las estrellas,
abracando sus destellos en farolas encendidas;
agarrado a tu manubrio,
rumbo al norte de la transitada esquina.
Asido a tus pedales nunca vacilé,
aventuré fronteras:
la última calle,
el terreno baldío,
la esquina prohibida,
límites fugaces borrados por el viento.
Aquellas
aventuras siderales desaparecían
al llamado lejano de mi madre.
Un eco rebotado en Júpiter me eyectaba de regreso,
empapado de cielo y de polvo conquistado.
Aprendí
a pedalear entre ruedas,
a escuchar el lenguaje del asfalto y la arena;
a amalgamar el miedo y la velocidad.
Mientras
tanto,
veneraba con silencioso ahínco
unido en respiro a aquella máquina fiel,
férrea extensión de mi cuerpo.
Compañera
eterna del espacio estrenado,
del tiempo transformado en acelerado latido,
mapa que en secreto trazamos.
Nunca
te olvidaré
arquitecta de horizontes,
cómplice de órbitas posibles;
vehículo de mi inmensidad.
18-01-2026
©
Derechos reservados 2025.
Corrector de estilo: Elizabeth Sánchez.

"Vivida Bicicleta" es una oda cósmica a la infancia y a la capacidad humana de mitificar lo inmediato. El poema no solo evoca un recuerdo, sino que reconstruye un universo con sus propias leyes físicas y sus aventuras.
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