Por Humberto Frontado
El
año pasado salió sorpresivamente a la luz pública un pequeño escrito del filósofo
francés Jacques Derrida, el cual abarca la extraña investigación que éste hizo sobre
las características histriónicas de un sinigual personaje en Latinoamérica. Este
documento forma parte de un conjunto de borradores, ensayos y escritos que se
hallaron recientemente y constituyen un nuevo aporte al pensamiento del
filósofo; ya que amplían y remozan algunas reflexiones aparecidas en un sin
número de libros escritos con anterioridad. Un grupo de expertos biógrafos,
especialistas en la obra del gran pensador del siglo XX, determinaron que los
documentos fueron escritos en el periodo cercano a su muerte.
El conjunto de manuscritos fue encontrado,
después de diez años de la desaparición del destacado filósofo, como si
hubiesen sido abandonados de improviso sin ningún orden ni secuencia, en una de
las gavetas de un viejo escritorio de madera de cedro de muy bonita talla. Fue
localizado en una pequeña, pero acogedora casa ubicada en la isla de Martinica,
de las Antillas menores en el Caribe, perteneciente a Francia. Se determinó que
esa era una de las casas de retiro que usaba el francés para escapar del intenso
frio de su país, allí descansaba y se dedicaba a la escritura continua.
Después
de seis años los textos de los manuscritos fueron revisados por connotados
expertos en ortografía, gramática, sintaxis, ortotipografía, estilo, el formato
de texto y la precisión de los hechos antes de pasar a la etapa de composición
tipográfica, todo con el fin de evitar el riesgo de sesgo. De hecho, se
encontraron con problemas en la traducción de muchos términos y expresiones como
el título “yo soy la pepa del queso” hallado en una de las páginas. La casa
editorial favorecida llegó a un convenio en publicar dos libros, uno de mayor
volumen dedicado al pensamiento filosófico del autor y el otro más pequeño
contentivo del extraño caso de la fragmentación personal.
Se tejió
toda una trama de misterio sobre lo que pudo haber influido en el connotado
filosofo para dedicarle tiempo y atención a esa particular disertación. Los
expertos que trabajaron en los borradores dedicados a la investigación
encontraron información sobre una inusitada relación personal entre el filósofo
y un inmigrante venezolano llamado Maiquel Elpidio Portillo, apodado “el maracucho”.
Determinaron que el zuliano había migrado hacia Martinica y tenía cuatro años
viviendo en la isla, había aprendido francés e inglés y trabajaba de mesonero
en uno de los hoteles cercanos a la morada de Derrida.
Se
dice que durante su permanencia se entabló una muy buena relación entre ambas personas,
al punto de llevar a cabo un viaje juntos en secreto a Maracaibo; con el
propósito de establecer y tener más soporte conceptual al estudio de
deconstrucción que estaba realizando. Fue una estadía anónima que había sido
programada para una semana, convirtiéndose luego en casi un mes, debido a lo
complejo y abstracto que resultó el particular estudio. Es posible que ese viaje
connotaba el sosiego que buscaba Derrida para apartarse de la consternación que
le producía su problema de salud.
Derrida decide valerse de su conocimiento y metodología que ya había
usado años atrás para desentrañar profundamente el pensamiento de filósofos que
se creyeron eternos en sus verdades expuestas; tales como Martin Heidegger,
Marx, Kierkegaard, Rousseau y otros tantos para aplicarlo en este caso
particular. Aunque para estos pensadores usó su técnica desde el punto de vista
“Gramatológico”, o sea analizando al individuo a través de la evaluación de su
escritura. El filósofo francés destaca que su Deconstrucción es sólo una estrategia, una práctica de lectura, es un
archipiélago de actitudes ante el texto. La relaciona con disciplinas como la lingüística y la
antropología. La deconstrucción no debe ser considerada como una teoría de crítica
literaria, ni mucho menos como una filosofía.
Jacques
se planteó que de la misma forma como podía descubrir diferentes significados en
la redacción de un texto, podía también descomponer la estructura del lenguaje
del hablante y descifrar la esencia de su pensamiento. Sólo habría que desmenuzar
y analizar los conceptos que en él están anclados o que lo componen, ya que estos
son los que alimentan su forma de pensar. Hacer una revisión profunda de sus
afirmaciones y verdades. Abarcar una extensa evaluación al lenguaje utilizado y
todas sus implicaciones conexas, de tal manera que para llegar al objetivo
previsto tendría que empezar revisando los procesos que se conjugaron para que
esta persona piense como piensa y hable como habla. Poner bajo análisis todas
las ideas, valores, hábitos, costumbres, alimentación.
Encontrar los mecanismos que han sido puestos en marcha para que el
maracucho sea lo que es, constituye el primer paso para identificar la raíz que
alimenta su realidad. Descomponer la forma del lenguaje fue todo un reto, ya
que es una maraña inventada sin sentido lingüístico; que ha cimentado una
particular forma peculiar de hablar de este sujeto. La identidad y el
regionalismo conforman una esencia plena en su expresión, todo significado esta
tácito en la expresión corporal y las entonaciones en el habla.
La
deconstrucción es paradójica, en cierto sentido, cuando hay implícita una carga
emocional que se impone en la expresión. Sólo los maracuchos embebidos en la
misma salsa lingüística serían capaces de entenderse los unos a los otros. En
la búsqueda de respuesta de este extraño fenómeno se logra ver en el fondo filológico
ciertas contradicciones que combaten entre sí; originando un conflicto sin
sentido, que al emerger a veces se desvanece. Esa es la explicación por la cual
el insigne filosofo se dignó visitar a Maracaibo y vivir en carne propia lo que
le exponía a diario el maracucho, lo creía fantasioso y todo lo que le había
contado lo consideraba algo irreal y exagerado.
Lo primero que encuentra Derrida, es que a
diferencia de los dialectos del centro o la región Andina del país que son
tuteantes, el maracucho es típicamente voseante. Es de uso prestigioso y está presente
en el habla culta, esto se reduce hacia las zonas rurales. Conserva para esta
conjugación la forma de la segunda persona del plural familiar (vosotros). Es
posible que ésto permanezca así porque el Zulia se mantuvo fiel por muchos años
a la corona española, durante la guerra de independencia de Venezuela; además
la región oeste del lago estuvo aislada mucho tiempo del resto de país. En
medio del calor inclemente, el francés descubrió también que en Maracaibo se
bebe la mejor y más fría cerveza de la bolita del mundo, mantenerla casi al
punto de congelación es algo sin precedente, después se enteró que eso
significaba “habillé en mariée” (vestida de novia).
Impresionado
descubrió los secretos del habla de un maracucho: no dicen “Hola”, dicen “qué
fue mi’jo, cómo tais” y que además todos a su alrededor son sus primos. Que
para él algo grande más bien es ¡mollejúo!, y si es impresionante entonces es
más que ¡vergatario! Una mujer con el cabello teñido él la ve con unas greñas
negras pinturrea´s. Algo curioso en un maracucho es que no tiene mala fortuna,
sino que ¡Está más sala’o que las pantaletas de la Sirenita!; tampoco es
vanidoso, él lo que es ¡echón! y
¡aguajero! y en vez de despedirse ¡se va pa’ la verga!
Entre
las connotaciones más destacadas que encontró el filósofo francés, investigando
a las personas en el centro de Maracaibo, fueron las siguientes: Los maracuchos
beben en el mismo vaso la alegría y la amargura, son algo así como el pueblo elegido
por ellos mismos; hacen música de su lamentos y se ríen de la música; toman en
serio los cuentos y hacen cuentos de lo serio; no necesitan viajar, ¡porque lo
han visto todo! y no creen en nadie porque creen en todo; no necesitan aprender
nada porque, ¡todo lo saben!, ofrecen soluciones antes de saber el problema, para
ellos nunca hay problema. No se les ocurra discutir con un maracucho jamás,
porque ellos nacen con sabiduría.
Concentró en un párrafo varias reflexiones referidas al profundo análisis
conductual: Los maracuchos se caracterizan individualmente por su simpatía,
inteligencia y en grupos, por su gritería y apasionamiento. Cada uno de ellos lleva en sí la chispa de
genios y los genios no se llevan bien entre sí; de ahí que reunir a los
maracuchos sea fácil, pero unirlos es casi imposible. No se les debe hablar de
lógica, pues eso implica razonamiento y mesura, y los maracuchos son
hiperbólicos y exagerados; por ejemplo, si lo invitas a un restaurante a comer,
no lo estas invitando al mejor restaurante de la ciudad, sino al mejor del
mundo. Cuando discuten, no dicen: No estoy de acuerdo contigo, sino: ¡Estáis
completamente equivocado! o te dicen ¡chico
vos lo que estáis es Loco! Ellos no entienden por qué los demás no les
entienden cuando sus ideas son tan sencillas y no acaban de entender por qué la
gente no quiere aprender a hablar como ellos. El maracucho ama tanto la contradicción que le dicen ¡te
estáis pudriendo! a las mujeres hermosas y ¡bárbaros! a los eruditos. Tienen
tendencias antropófagas; así entonces: ¡Se la comió! es una expresión de
admiración, y ¡Comerse un cable! es señal de una situación crítica.
Comprobó que el maracucho es un ser de alma noble y lleva en sus venas
las ganas y maneras para hacer reír a los demás. Para echar el chiste enfatizan
su acento y los sonidos nasales del ¡qué molleja! y el ¡vergación! Por eso
mismo tienen la maestría de ganarse el odio más obstinado o el amor más
profundo en un momento. Esos sentimientos moran en los altos decibeles que usa
en su hablar y el diccionario grosero del que hacen uso para expresarse. Por
otro lado, su balanceada dieta contempla permanentemente pastelitos con todo
tipo de rellenos, tumba ranchos, patacones, pan con queso, arepitas con pernil
y tequeños remojados en salsa tártara; éstos son algunos de los manjares
apetecidos por todos los maracuchos. En
su hablar no se cansan del uso continuo de la palabra “verga”. No es un verbo, pero tiene todo tipo de declinaciones
y usos: verga, vergatario, verguero,
vergación, vergation (en inglés), es una palabra que sirve para todo. Son
dueños de La gaita que nació como un género musical de protesta, pero en la
actualidad interpreta temas de amor, religiosos, jocosos y de toda verg…
Derrida cerró el manuscrito con la
siguiente expresión:
¡Ahhh! …los maracuchos… no puedes vivir mucho con
ellos, pero es imposible vivir sin ellos…en verdad ¡ils sont la graine de
fromage! (son la pepa´el queso)
Venezuela, Cabimas, 21-02-21
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