Por Humberto Frontado
¡Vergación!... así diría el
maracucho para referirse a lo rápido que pasaron los días que me han conformado.
El oriental exclamaría… ¡coño no he tenido tiempo ni pá resollar!... ¡Se fue en
un santiamén!... diría el caraqueño. En verdad esa ha sido la sensación que dejé
en todo el mundo; los días pasaron más rápido que violentamente. Hay algunos
expertos en dar explicaciones irrefutables porque el tiempo ha pasado tan rápido,
en internet lo pueden encontrar. Yo simplemente sé que pasaron trescientos sesenta
y cinco días, porque no fui año
bisiesto
y cada día tuvo veinticuatro horas ni más ni menos; fue tiempo suficiente para
que sucedieran cosas sorprendentes y otras no tan.
Nací desde el primer día con la
pata metida en una pandemia que aún continúa vivita y coleando después de haber
impuesto un régimen de vacunas, refuerzos y refuerzos de refuerzos, y que para
mermar las variantes que irán apareciendo. Aunque no se le ve fin al Covid-19, por
lo menos ha amainado su desgracia. El virus ha compartido su protagonismo con
otros temores ya más viejos heredados de mis hermanos anteriores (2021 y 2020);
por ejemplo, los que han reaparecido producto del cambio climático. El paso de
las tormentas tropicales ha dejado zonas devastadas. A estas zonas de desastre no
se les ve esperanza de recuperación, ya que nos abate el miedo permanente de no
tener el respaldo de las instituciones que han sido secuestradas desde hace dos
décadas por un grupo social de absoluta exclusión.
El conflicto Rusia vs Ucrania
agravó el panorama mundial, eso nos conmovió emocionalmente unos días al ver
las noticias vía WhatsApp, Instagram y todas las redes disponibles; sin embargo,
estamos tan entretenidos con nuestros problemas que los de afuera no nos hace
mella.
El trauma de la crisis sanitara continúa
apuntalada o más bien disfrazada por la pandemia, abonando también el terreno
político y la economía del miedo que se mueve al son que le toquen los chimbangleros
del gobierno, quienes desechan el sistema internacional de derechos humanos. La
economía todavía estancada, dando superfluos destellos de crecimiento, que únicamente
ven los bolsillos de los acoplados con el gobierno; la inflación se engulle
cualquier ápice de crecimiento. El único incremento que sí resulta ser cierto
es el de la violencia contra la mujer, los feminicidios, abusos contra niños y suicidios.
El Crecimiento de la pobreza y el desplazamiento de la población hacia otros países
por una cantaleta de acciones amparadas por la corrupción policial y política.
El problema de la gasolina aún sin resolver; las colas en las estaciones de
servicio han regresado absurdamente, administradas o manejadas por
funcionarios militares
En los hospitales, escuelas, barrios
reina la incertidumbre y la desesperanza. Yo sinceramente quería pasar con beneplácito el
testigo a mi nuevo hermano 2023, pensando se iban a arreglar algunas cosas; pero
que va, quedé en rojo. Menos mal que en diciembre se efectuó el mundial de
futbol de Catar y como algo Messiánico sirvió para distraernos un rato de la crisis
que vivimos. Así que lo mejor que puedo hacer es pasar desapercibido, agarrar mi
maleta e irme calladito “pá la verga”, como diría también el maracucho... de todas
formas les deseo un cordial y feliz año nuevo 2023.
31-12-2022
Corrector de estilo:
Elizabeth Sánchez.
La sacaste de jonrón y con las bases llenas.
ResponderEliminarFeliz, saludable y exitoso año querido Humberto y mi queridisima correctora también, muy acertado en lo que plasmaste en estás lineas. Esperemos este año sea mejor que el pasado. Les envío un gran abrazo.
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