Por Humberto Frontado
que apareces repentina
en un sordo eco,
cuando ante el alba
busco encontrar lo que más quiero.
¡Ay,
por ti¡
Y tú, acerado corazón,
que navegas hacia otros puertos
sin reparar en el mío,
que ansioso te aguarda.
¡Ay, noches¡
innumerables y quedas,
a las que impregno
con más oscuridad
mientras les cuento
mis tormentos.
¡Ay, este pecho¡
que te grita en silencio
y tu pasas de largo,
como si yo no existiera.
¡Ay, distancia¡
la que hay entre tu sonrisa
y esta lágrima que estrepitosa
rueda por mi mejilla.
¡Ay, instante¡
Ese que daría de mis eternos días
por perdurar en tus ojos,
como cuando yo te miro.
¡Ay, destino¡
que me niega tu cariño
y me condena a quererte
sin ser correspondido.
¡Ay, esperanza¡
de ese quizá imposible
al que me aferro
con este amor que no muere.
¡Ay,
dulce tormento¡
amasado con ingredientes
sin correspondencia,
que me mata lentamente.
¡Ay, poemas¡
que he sembrado
en el desierto de tu olvido,
mientras sigo aquí,
enamorado.
13-09-2026
© Derechos reservados 2026
Corrector de estilo:
Elizabeth Sánchez.

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