Por Humberto Frontado
Se
vive una partida eterna
que se escurre silenciosa
por entre los resquicios del tambor
de esta acerada existencia.
Embebidos
en un macabro juego
donde el azar dicta el destino
con una frialdad que estremece.
En un
tablero de imprevistos
las vicisitudes nos empujan
una y otra vez.
Es ese cilindro que gira
velando nuestra existencia.
Un
seco clic y la suerte nos sonríe,
nos eleva a una cima de plenitud
donde todo parece posible.
El
siguiente giro puede ser
el del estruendo de pólvora y vacío.
Una brutal
sacudida
nos derriba y nos recuerda
la fragilidad de nuestro paso por el mundo.
Arriba
y abajo,
en un constante vaivén
de esperanzas y quebrantos,
de logros y cicatrices.
Vamos
sobreviviendo a las balas
que el destino ya ha disparado en nuestra contra.
Hay
un proyectil que aún
no ha abandonado la recámara.
Es el símbolo de un obstinado anhelo
que se proyecta en la subsistencia.
Dejar
que esa última bala,
la de la esperanza,
sea la que tome el control
y nos impulse a seguir jugando a la ruleta.
Un giro más,
un día más.
01-11-2026
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Corrector de estilo:
Elizabeth Sánchez.
