Por Humberto Frontado
Concurre
un inefable paralaje
entre la realidad y el pensamiento.
Habita un desfase estructural
que ninguna sapiencia ha podido corregir.
La
realidad,
esa trama curtida de materia,
tiempo y azar,
avanza con una callada contundencia.
El
pensamiento calmo
llega siempre un instante después,
traduciendo, corrigiendo
e inventando explicaciones.
Entre
ambos media
una incertidumbre rebelde
que los castos sabios no han podido descifrar.
No
hay acceso al ser,
solo representaciones que se deslizan
sobre una superficie sin fricción que agote.
La duda,
lejos de ser una debilidad,
es la única postura cuerda
ante este desbarajuste.
El
equilibrio posible
no es síntesis definitiva,
sino tensión concluyente
de quien busca la lucidez.
Nos
queda habitar
el fugaz intervalo de la certeza
y verla provisoria,
ya que el error acecha
en cada afirmación.
Simulamos
espectros más nítidos que el vivido,
delegamos en algoritmos
decisiones que otrora exigían conciencia.
Cuanto más sabemos,
más patente se vuelve lo que ignoramos.
Dudamos que la realidad
se entregue del todo y sin apego a lo humano.
04-10-2026
© Derechos reservados 2026
Corrector de estilo:
Elizabeth Sánchez.

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