domingo, 30 de enero de 2022

UN PEZ CON MALA CABEZA

Por Humberto Frontado



           “Llegando a Ciudad Bolívar me dijo una guayanesa que si comía sapoara le cortara la cabeza”

          Así comienza la icónica canción que representa el folclor del estado Bolívar. Este estribillo hace marco a un mito, una leyenda, una historia que nos relata que aquel viajero que ose llegar a Ciudad Bolívar y se coma la cabeza de la sapoara, quedará inevitablemente prendido a la belleza y alma de una cautivadora guayanesa.

            Muchos hombres han perdido la cabeza al desobedecer la pasional fábula, han pagado con matrimonio y yunta de por vida con una dama de esta región. La sapoara es un pez que aparece una vez al año por las riberas del río Orinoco, específicamente entre Caicara y Parital en el estado Bolívar. Se alimenta de microrganismos nadando contra corriente, los pobladores lo atrapan en su época con atarrayas. Tiene un ligero sabor a tierra y la preparan de muchas formas.

            Una gran cantidad de testimonios aseguran de la veracidad ancestral de esa leyenda en Guayana. Los viejos guayaneses cuentan que la región pantanosa donde se reproduce, crece y alimenta la sapoara tiene mezclado con el lodo componentes químicos afrodisíacos, que disparan en el hombre esa loca atracción hacia las guayanesas.

            Comenzamos esta breve historia enmarcándola en el particular interés de resaltar la importancia de la cabeza de los peces en la cocina venezolana; así como está el mito de la sapoara y las implicaciones que conllevan comerse su testa, igualmente en la Isla de Coche, aunque sin hacer ningún amago de leyenda sino la pura verdad, la gente ha desarrollado un gran gusto por comer una buena cabeza de pescado.

           Cuentan los expertos cochenses en la cata de dicho proceso, que esta sección particular tiene es una mezcla de exquisitos sabores a medida que se desplaza en la degustación. Muchas personas coinciden en que una de las mejores cabezas es la del corocoro. Comenzando por la succión del par de acuosos ojos, los flácidos pliegues de las barbas y quijadas, las blandas carnes entre los embrollados huesos de los cachetes. La exquisitez que representan los sutiles sesos. Todas esas partes ofrecen al comensal varias texturas de sabores entre tenues amargos, una gama de sinigual intensidad de salados y cerrar con la contrapuesta pizca de un pícaro dulzor que hace explotar en mil colores psicodélicos nuestras papilas gustativas. La mayoría de los degustadores dejan esta pieza de último para apreciarla a plenitud.

           En uno de los pasajes de la saga de películas de Hannibal Lecter, éste explicaba sobre el gusto extravagante que tenía por la carne de especial sabor y textura ubicada en los cachetes de algunos peces. Este comentario hecho por este famoso personaje demuestra los argumentos técnicos del por qué un cochero degusta con tanta pasión la succión de esta parte particular de los peces.

           Toda esta historia de cabezas da un vuelco cuando nos desplazamos de la zona Oriental de Venezuela a Occidente, específicamente la conformada por la zonas del estado Falcón, conocida por su buena y variada pesca de corocoro, roncadores, corvinas, pargos, lamparozas, picúas, entre otras; y la cuenca del lago de Maracaibo, con su tradicional pesca artesanal de corvinas, róbalos, carpetas, manamanas, bocachicos y bagres.

           Muchos años atrás los pescadores y residentes de las áreas aledañas a las costas de esta región también solían degustar una buena cabeza de pescado fresco, ya sea sancochado, guisado o frito. Eso quedó en el pasado, cuando la gente se enteró de lo perjudicial que era su consumo para la salud. Desde la década de los sesenta hasta los ochenta varios organismos se dedicaron a la tarea de investigar sobre la contaminación que se estaba suscitando en toda esta región, encontrando soluciones que luego el tiempo las engulló. Los dos grandes complejos refinadores ubicados en la península de Paraguaná estaban vertiendo mucho de sus efluentes sin ningún tratamiento a las aguas de la costa. Lo mismo sucedía en el lago de Maracaibo: la explotación petrolera, el desarrollo petroquímico y el poco o nulo tratamiento de las aguas residuales que venían de la población fueron dañando el gran estuario zuliano.

           Hoy en día el Lago de Maracaibo es un depósito de aguas salobres y contaminada con valores exagerados de toxicidad. La región zuliana que cuenta con una geografía privilegiada no ha sabido aprovecharla. Los mismos pobladores comentan que a veces están tentados de hincarle el diente a una de esas apetecidas cabezas de pescados, pero se detienen cuando recuerdan los altos porcentajes de mercurio, cobre, plomo, silicio, etc. que han encontrado en muchos peces y se concentran precisamente en la cabeza.

           El problema está en que si no nos agarra el chingo nos agarra el sin nariz, resulta que mucha de la pesca que se logra obtener en esta zona va a parar a empresas procesadoras de harinas de pescado; esa molienda es la que se utiliza para alimentar a otros animales, como son los pollos y el ganado. Tarde o temprano los residuos contaminantes han de llegar a nuestros cuerpos…

 

30-01-2022.

 

Corrector de estilo: Elizabeth Sánchez.

3 comentarios:

  1. Excelente historia
    Me remonta a los hervidos de pescado que hacía mi madre!!

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  2. Al fin pude abrir tu blog , como siempre una muy congruente historia , en la parte de la separación la historia de nuestro tío Anibal que salio de coche , cumana maracaibo y todas las universidades españolas desde Santiago de compostela a Cádiz para graduarse de medico , un día en el Palmar estado Bolivar probó las cabezas de sapuara y le hizo tres hijos a la Guayana y nunca más salió de allí, el otro fue Concepcion González hermano de Duglas Frontado el famoso caripe que la separa lo llevo al callaotunay

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  3. Diría un viejo amigo: "Si igual de algo me tendré que morir, que sea con la barriga llena".
    Muy buen relato. Me encantó desde la poética introducción, el desarrollo y desenlace.
    Por los 3 puntos (...) Creo de esta historia continuará...

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