sábado, 11 de julio de 2020

EL PÍCHER FRUSTRADO


Por: Humberto Frontado



          Una mañana de aquellos sábados de vacaciones con un sol que se asomaba parsimonioso ofreciendo con pedantería todo su esplendoroso y agudo cuerpo, daba inicio al desfile de la bandada de pájaros que iban desesperados del este al oeste no sé a qué. La malcriada y consentida mata de jazmín premiaba a su cuidadora perfumando sutilmente todo el entorno. Las amas de casa salían al unísono a barrer los porches y a ponerse a tono con los chismes del día anterior del vecindario. Ese era un típico amanecer vacacional en uno de los campos petroleros de Lagunillas, exento de un levantar temprano a preparar desayuno para los que se iban a la escuela.
          A eso de las nueve con el sol mostrando de lleno su musculatura, se oía el chiflido en código especial llamando a la manada, íbamos llegando uno a uno los convocados, juntándonos como de costumbre en el poste del alumbrado. Con los escuálidos aperos de juego, antaños guantes heredados algunos ya de tercera generación, desgastados, remendados y hediondos a rancios sudores apilados. Un medio bate negro de madera número treinta y tres que parecía más bien el trajinado pilón de “trucutrú”. La pelota otrora una presuntuosa “spalding”, ahora desnuda de su afamada epidermis mostraba su hilvanada entraña.
          Llevábamos entre los materiales de primeros auxilios un rollo negro de teipe “cobra” de los buenos, para cubrir la pelota, este recubrimiento se reparaba a veces a medida que se jugaba. Después de tanto palo a veces alguien bateaba un fuerte “rolin” y la cinta se iba desprendiendo a medida que rodaba haciendo un desgarrador ruido, decíamos a coro ¡agárrala por el rabo!
          Reunidos en el sitio acordado calentábamos mientras esperábamos a los retrasados. Partíamos caminando y tirando la pelota hasta llegar a la cerca de ciclón rasgada que daba paso a la cancha de futbol del Instituto Escuela de Lagunillas. No había que escoger los dos equipos ya que estaban seleccionados desde hace tiempo; eran de esos “team” de eterna rebeldía como Caracas y Magallanes y estaban liderados por dos hermanos también sempiternos contrincantes. Ellos eran los pícheres, cuartos bates, mánagers y “novios de la madrina”.
          Cada uno como pícher tenía su “stock” particular de rectas y curvas para dominar al contrario, solo que en este caso no se contaba con cácher per se ya que se carecía de los utensilios para él; sin embargo, era sustituido por el cácher “arrastao”, que se colocaba parado atrás del bateador tomando el lanzamiento de piconazo, este podía ser del mismo equipo o del contrario si no había suficientes jugadores.
          En esa época la Liga Doble “A” de Béisbol estaba en pleno apogeo y era normal ver en el Estadio 5 de Julio uno de esos juegos donde se discutía entre los equipos regionales el derecho de representar al estado Zulia para los Juegos Nacionales. Veíamos y escuchábamos hablar de algunas promesas del béisbol y nuestro sueño era llegar allí. Muy cerca de nosotros en nuestra calle estaba una de esas luminarias, era William González, un muchacho zurdo que destacó como pícher en esa liga.
          En una oportunidad, esta vez en vacaciones de carnaval, estaba como loco buscando el momento para lanzar una vejiga con agua, ya que estaban a punto de reventarse porque tenía mucho tiempo en mis manos. El montículo de lanzamiento del cual disponía era el techo de la casa. Agazapado esperaba el instante propicio de que algún iluso se atravesara en el camino.
         Aburrido me tiré sobre el inclinado asbesto para esperar pacientemente, consciente de que se aproximaba el ocaso. Escuché que venía alguien caminando por la calle, era una vecina con su hermanito agarrado de la mano. Rápidamente tomé posición buscando un buen ángulo de tiro y que no me vieran. Lancé la vejiga tomando en cuenta la distancia, sin apretarla mucho, para que no se explotara en mi mano, en un ángulo de inicio que obligara a que siguiera una suave parábola. La condenada vesícula plástica se salió de la trayectoria con tan mala suerte que fue a estallar lastimosamente en el medio del pecho del niño, dejándolo sin respiración. Comenzaron a buscar de donde había salido aquel acuoso y nocivo proyectil. Bajé como una saeta deslizándome como un experto bombero por el tubo de la antena de televisión, me metí a la casa y rápido me acosté. Sentí al rato que llegó la agredida vecina a la casa llamando a mi mamá y acusando a mi hermano menor de que había sido él, porque lo habían visto tirando vejigas desde los techos de las casas. Mi mamá rechazó la acusación explicando que al que acusaban estaba de vacaciones en la Isla de Coche. Desde el cuarto escuchaba la conversación, salí bostezando haciendo ver que estaba durmiendo por si se antojaban de mí. Se retiraron sin hallar al escurridizo “francoaguador”.
             El techo de la casa era una atalaya de frecuente estadía para todos los varones de la casa, nos subíamos rápidamente por el batitubo de la antena y apoyándonos de la pared. Cuando caía la tarde era costumbre subir al techo y hacer una panorámica del vecindario, desde allí saludábamos o chiflábamos a los amigos que pasaban por la famosa calle “Broadway” de Puerto Nuevo.
        En una de esas incursiones en la torre de avistamiento me percato que mi hermana menor estaba en el fondo de la casa encaramada en la cerca lateral, meciéndose y doblando la malla de ciclón. Le grité varias veces pidiéndole que se bajara, diciéndole que se iba a hacer daño. No hacía caso y seguía columpiándose en la arqueada baranda, le hice una segunda advertencia sin resultado. Molesto miré alrededor buscando algo para lanzarle que pudiera asustarla y encontré un pedazo de concha de coco, lo tomé y sin mediar se lo lancé. Vi como aquella cuenca marrón oscuro, todavía con algunos pelos, avanzaba en cámara lenta dando círculos y trazando una cuasi “slider” hasta chocar en el arco superior del ojo izquierdo de mi hermanita. Se oyó un alarido que retumbó en todo el campo, mis padres salieron de la casa para ver qué había sucedido y tomaron a la niña con la cara ensangrentada, la revisaron y tenía una pequeña cortadura. Me llamaron a hacer acto de presencia en el paredón, bajé por el tubo tan lento que parecía que venía flotando ingrávido. Ya en el suelo me agarraron por el cogote y me dieron con una tabla que fue arrancada de cuajo de una formaleta de pino, el estantillo tenía impreso en relieve “Hecho en China”, ese mismo logo, pero al reverso permaneció copiado en mi lomo durante varios días.
           No habíamos hecho nada para alcanzar la gloria del amigo William, mucho menos la de Sandy Koufax de los Dodgers de los Ángeles o Juan Marichal de los Gigantes de San Francisco, destacados pícheres de la década de los 60 y 70`s en las mayores. Para no sentirnos mal nos dábamos consuelo diciéndonos que se nos había dañado el brazo de tanto lanzar con pelota de goma.
          Una última acción que terminó de frustrar mi anhelado sueño de lanzador fue cuando un domingo en la tarde después de haber caído un buen chaparrón de agua, salimos mi hermano mayor y yo a recorrer los charcos y pozas que había dejado aquel diluvio. Era tradición tirar piedras a los espejos líquidos para verlos salpicar, así estuvimos varios minutos hasta que nos acercamos a una gran zanja expuesta hecha días atrás para colocar la cloaca, era un gran surco recto que atravesaba toda la manzana. Aquello fue un gran descubrimiento ya que podíamos salpicar con más potencia, con esa cantidad de agua la altura del charco estaba en proporción del tamaño de la piedra a lanzar, tuvimos un buen rato levantando grandes columnas de charco hasta que a mi hermano se le ocurrió una brillante idea.
         Agarró una gran rama que había caído de una mata de clemón e inventó el juego de cubrirse con ella para no ser chispeado mientras yo lanzaba piedras a la zanja. Los guijarros no hacían mella a aquella escafandra de hojas que se zarandeaba rápidamente a lo largo del acuoso canal. Mi hermano se reía y se burlaba de mi poca fuerza para hacer levantar el agua y mojarlo. Busqué de lado a lado y vi una gran piedra de rio, hermosa guaratara, la agarré pensando que con esa roca lograría elevar una buena ola que lo iba a empapar de pies a cabeza. Ya el líquido en toda el área había formado una capa de resbaloso barro. Tomé el inmenso peñasco y cual pícher me cuadré y lo lancé de costado tipo chaflán, con la mala suerte que la roca no cayó dentro del casi medio metro de abertura que tenía el surco, sino que golpeo delante, en el resbaladizo suelo, rebotando y saliendo como un proyectil hacia aquella esquiva y encharcada paraguas vegetal. Se oyó un ruido de golpe seco y a continuación un quejido seguido de la expresión ¡coño! pero con un dejo de dolor. La rama bajó lentamente dejando visible la cara de mi hermano con su mano tapando su boca ensangrentada. Dejó caer la rama y mirando su mano derecha vió sus dos medios dientes, solo atinó a decir.
          - ¡coño! … me rompiste los dientes.
          Mi hermano salió corriendo hacia la casa llorando con sus pedazos de caninos en la mano, yo quedé patidifuso sin saber qué hacer. Mientras pensaba en lo peor caminé hacia la casa sin saber qué decir, quise huir o subir por la antena hacia la azotea de la casa y no pude, las piernas me temblaban y me quedé agachado, llorando y gimiendo, agarrado al pie de aquel frio tubo. Desde allí lograba escuchar los gritos y lloros de mi madre mientras limpiaba la herida en mi hermano. Mi padre preguntaba con insistencia sobre qué había pasado y quién había sido el culpable. Al rato de estar llorando escuché unos pasos conocidos de memoria que venían hacia mí y se detuvieron, levanté la mirada y allí estaba mi padre, me extrañó que no tenía la correa desenfundada y en sus manos; me preguntó ásperamente qué había pasado y le contesté entre balbuceos, gemidos y lloriqueos sin que se entendiera nada, mi papa me pidió que me calmara diciendo.
          - Ya, quédate tranquilo que tu hermano nos dijo que tú no tienes la culpa.
       Aquello parecía extraordinario me quedé llorando un rato más, mezclando los sollozos unos de dolor por lo que le había hecho a mi hermano y otras de alegría por haberme salvado ese día de una pela mayúscula.
          Así seguimos por años prestos y sin falta al llamado del fin de semana para ir a jugar pelota. Ya las ansias de llegar a ser un gran pícher se fueron esfumando entre estudios y fiestas, había otras cosas mejores que estar encima en una lomita lanzando pelotas como loco por unos piches dólares.

Venezuela, Cabimas, 10-07-2020.

domingo, 5 de julio de 2020

SALIR O NO SALIR, ESA ES LA CUESTIÓN


Por: Humberto Frontado


           Faltando cinco minutos para salir de la escuela “Antonia Esteller” de Lagunillas, presto a escuchar el impúdico timbre que estaba “pata e´mingo” a nuestro salón ya que la oficina de dirección la teníamos al lado. Raudos recogíamos los útiles escolares e íbamos a hacer la fila con su respectiva toma de distancia, la fila de primer grado donde estábamos nosotros salía primero.  Ya en la salida era costumbre que nos reuniéramos tres o cuatros para confrontar una emocionante aventura.
          Había un muchacho mucho mayor que nosotros que vivía frente a la escuela y lo llamaban “Lindo”. Todos los días caminábamos por la calle donde vivía aquel extraño personaje y justo frente a su casa, sacudiendo la cerca gritábamos su nombre y él salía corriendo de sorpresa de su impredecible escondite entre las matas, asustándonos con sus alaridos. Nos retirábamos de la cerca como un resorte entre risas, gritos y alegrías, vociferando su nombre nuevamente en seguidilla. Ese era un momento feliz para nosotros, pero no tanto para él ya que estaba encerrado y no asistía a la escuela ni al parque.
          Nos hicieron ver y creer que aquel muchacho estaba loco y así era como nos referíamos de él. Lo último que supe de ese chico fue que años después había sido violado y golpeado con saña por otros muchachos vecinos mucho mayor que él; esta fue una noticia que convulsionó un buen tiempo a la comunidad y fue muy reprochada considerando que Lindo era un niño inocente, los perpetradores fueron detenidos y sermoneados por la comandancia.
         El término “Salir del closet” se asocia a la decisión que toma un homosexual de declarar a los cuatro vientos su género. Sobre todo, ha sido notorio la aparición del término en el ambiente artístico. En una oportunidad en el año 2010 se hizo noticia el cantante Ricky Martin (ex menudo), no por una de esas canciones que pegajosamente imponía en todos los medios sino porque había declarado abiertamente su homosexualidad. Confesó su relación amorosa con otro hombre que según él era el que lo había animado a salir del armario. En el 2008 había sorprendido a sus seguidores con la noticia del nacimiento de sus hijos gemelos, los cuales fueron concebidos a través de inseminación artificial y posteriormente implantados en un vientre de alquiler.
          En el 2019, Ricky Martín, recibió el Premio Nobel de la Paz, debido al movimiento social que ha forjado su lucha por los derechos de la comunidad LGTB. Esto ha incidido en que los movimientos que hoy existen en defensa del respeto y consideración a los nuevos géneros (LGHTB+) ⁽¹⁾ hayan tomado fuerza y presencia más contundente en todo el mundo. Hace unos años reapareció Ricky en la palestra con un nuevo parejo anunciando los nacimientos sus otros dos hijos, ya esto no tuvo tanto revuelo y se vió muy normal.
            Retrayendo la memoria unos años atrás, en 1985, también se recuerda un lamentable episodio cuando nos enteramos que el famoso actor Rock Hudson había muerto a consecuencia del sida, enfermedad que había contraído un año antes; muchos de sus admiradores ignoraban su homosexualidad, la cual había confesado días antes con sinceridad. Esto contribuyó enormemente a que se despertara en todo el mundo la toma de conciencia sobre esta grave enfermedad que nos invadía. 
           Incipiente el mal del VIH comenzó a hacer estragos y se satanizó asociándolo a la actividad sexual del homosexual. Más tarde se comprobó que la enfermedad podía contraerse a través de otros medios fuera de la relación sexual, así disminuyó la fobia hacia los homosexuales.
          Asimismo, como el joven “Lindo” que vivió en nuestra vecindad también surgió otro muchacho, pero con menos aparición, tenía el raro apellido “Potella” o algo parecido. El joven asistía a la escuela hasta que a la mitad del año escolar en tercer grado no supimos más de él, se decía que lo mantenían encerrado en su casa haciendo oficios de hogar junto a su madre.
          Con el tiempo entendimos, ya casi adolecentes, que esos dos casos se trataban de dos niños homosexuales que estaban afrentando los gloriosos apellidos de sus padres, que en estos casos trabajaban en la industria petrolera. El padre del joven “Potella” fue expulsado del club Social Alianza, porque se fue a los puños con un compañero que osó burlarse de los desmanes de su hijo, unos días después sacaron al joven de la escuela.  Quién le podía explicar a los padres de esos muchachos que necesitaban entender claramente que la orientación homosexual no es un desorden mental? Cómo se podía lograr eso en aquel tiempo, si todavía a esta altura de la vida las causas de la homosexualidad no se entienden claramente.
           Lo que sucedía en aquella pequeña isla social discriminatoria ajustada a los preceptos de las compañías petroleras americanas era una muestra de lo que sucedía a nivel mundial. Aquellas familias adaptándose para sobrevivir en el medio preferían tildar a los muchachos de locos y no de homosexuales, así como estos casos se dieron infinidades en nuestra selecta y critica sociedad.
          Desde tiempos remotos la homosexualidad ha existido en nuestro devenir histórico y fue aceptada con toda normalidad, hasta que apareció la iglesia e imperios de turno que se anunciaron como rectores de normas morales y proclamaron la inaceptabilidad del incomprendido género. A partir de allí fueron perseguidos, la radical y nefasta inquisición buscaba su exterminio; los que sobrevivieron buscaron refugio dentro de las iglesias, allí estaban protegidos. Esos homosexuales más tarde fueron papas, obispos y ocuparon todo rango eclesiástico. Muchos de estos representantes de la iglesia han salido del guardarropa y la iglesia los ha vetado y excomulgado implantando así una nueva forma inquisitoria.
          En la década de los 70 y 80´s un filósofo francés llamado Michel Foucault, salido del closet en una época de gran convulsión en su país, alcanzó ser una celebridad del pensamiento contemporáneo. Como historiador e investigador realizó un gran estudio de la evolución de nuestra sexualidad, destacando una cantidad de información donde prevalecen los perjuicios y los tabúes a través del tiempo. Un ejemplo de ello ha sido la misma iglesia católica imponiendo normas y consideraciones absurdas en las relaciones de pareja, que se han mantenido arraigada desde la época del medioevo, impartidas por los eruditos sexólogos de turno como San Agustín, Tomas Aquino, etc.
           Todo esto me lleva a otra anécdota en la década de los 80´s que sucedió en el trabajo. Me comentó un supervisor de taladro que se lamentaba de haberle pedido la renuncia a un señor ya mayor, excelente trabajador, porque recursos humanos se había enterado de su homosexualidad. Después de esto aquella persona fue abandonada por su familia y hasta rechazado por sus compañeros de trabajo. Para esa época ese señor, también loco o aberrado sexual, no tenía cabida en nuestra sociedad o comunidad petrolera, donde existían normas morales avaladas por la iglesia. Por eso no se puede banalizar el momento en el que una persona, vieja o joven, decide hacer visible su orientación sexual. Los prejuicios con razón y sin ella han hecho que sea una difícil decisión. "El peso de la homofobia sigue siendo muy grande y continúa el estigma". Integrantes de generaciones posteriores, llevan casi toda una vida encerradas en ese naftalinado y viejo escaparate.     
          Actualmente otro pensador filósofo e historiador como es el Dr. Yuval Harari también homosexual, un poco más recatado que Foucault, nos ofrece algunas reflexiones sobre el sentido de la vida sin echar a un lado su homosexualidad, la cual defiende con una gran base de razón. Así como Yuval hay otros tantos que por propia experiencia indican que en algunas circunstancias el closet sigue siendo la única opción de supervivencia, mientras se lucha para que eso no ocurra, quedará de parte de la sociedad consciente evitar criminalizar a aquellas personas que no pueden hacer visible su orientación sexual.  “No importa cuál sea su orientación sexual, todos los adolescentes tienen la alternativa de escoger la expresión de su comportamiento sexual y su estilo de vida”.
           La iglesia, como organismo autoproclamado rector moral universal, ha sufrido en los últimos años notables críticas tras la aparición de denuncias de abusos sexuales a menores por parte de numerosos sacerdotes en todo el mundo. Han aparecido declaraciones de las máximas autoridades eclesiásticas donde sin tapujos imponen veto absoluto a la entrada de homosexuales a los seminarios de iniciación clerical.
          Ante este descomunal panorama de crisis de valores aún no se ve una posición clara de las iglesias, la sociedad espera urgente la definición de un punto de equilibrio. Para completar, la situación en las iglesias es algo crucial ya que se han visto casos de “doble salida del closet”, curas que han declarado su homosexualidad y simultáneamente cesan sus votos de fe hacia la sagrada institución apegándose luego al ateísmo.
          Por otro lado, el término “salir del closet” ya tiene en la actualidad otras acepciones como, por ejemplo: Salirse del sindicato que lo amparaba en el trabajo por no aceptar sus lineamientos. Otro es revelarse como ateo en una comunidad de creyentes, o mucho peor exponerse a la excomunión del partido adeco después de estar 25 años en la fila de los copeyanos…! Acabose e´ mundo!...Como decía mi madre.
Venezuela, Cabimas, 04-07-2020.
Notas:
Salir del clóset: (Salir del armario) son modismos que, aplicados a las personas, significan “declarar voluntaria y públicamente su homosexualidad”. Actúa como analogía de algo oculto o secreto, a la vez que manifiesta la sensación de encierro y oscuridad de esas personas que debían disimular o esconder su orientación para no ser descubiertos y estigmatizados; y que “saca a la luz” (descubre, muestra) un aspecto de su vida que hasta ese día tenía escondido.
⁽¹⁾ (LGHTB+): Se le coloca el signo + a las siglas LGHTB considerando la posibilidad que se le agreguen otras letras más, como de hecho a ocurrido. Cuando se iniciaron estos movimientos solo aparecían las siglas LGB.

domingo, 28 de junio de 2020

FIESTA DE SAN PEDRO


Por: Humberto Frontado


          Era un veintinueve de junio día del patrono San Pedro, la gente desde temprano esperaba impaciente la llovizna que no había caído cuatro días antes cuando se celebró el onomástico de los Juanes. Era costumbre que ese día San Juan obsequiara una placentera lluvia a los cochenses; pero al parecer el muy condenado mantuvo su dedo erecto moviéndolo negativamente. La gente llegó a pensar que el apóstol Juancho le había cedido a su colega Pedro la gratitud de favorecerlos en su día de júbilo, ya que ese verano la sequía había sido implacable con la pequeña isla y la esperanza era la mejor opción.
           Con el sol en posición de retirada la resignada población dejó de prestar atención a las pírricas y esqueléticas nubes que se movían en el desértico cielo, se dirigieron a bañarse y vestirse para asistir a la procesión del adorado patrono. A la cuatro de la tarde estaba pautado el inicio de la misa y más tarde arrancaría la peregrinación.
         Esa tarde los actos en la iglesia transcurrieron rápidamente, considerando que se obvió parte de la eucaristía ya que hubo problemas en la consecución del cuerpo de cristo para los comulgantes. Sacaron al remozado San Pedro, quien recién había sido sometido a una cirugía en ambas piernas después de haberse determinado que sus dos piernas habían sido comida sin piedad por el comején. La gente comentaba que con dos piernas nuevas la procesión iba a andar más rápido ese día. Al estar saliendo con el santo de su recinto la gente se percata que el cielo que daba frente a la iglesia estaba todo oscurecido. Los feligreses quedaron absortos contemplando aquella extraña obscuridad, estaban indecisos en arrancar o no la procesión.
          El cura dijo levantando la voz que siguieran marchando que aquello no iba a afectarlos. No habían pasado unos minutos cuando comenzó a bajar armónicamente y en seguidilla una cortina de impresionantes rayos que se hicieron acompañar de una tunda de estrepitosos truenos. El cura miró algo dubitativo y comenzó a mover las manos indicando que devolvieran el santo al recinto. Ya el viento se había hecho más fuerte y alcanzó a la procesión llevando consigo sombreros, flores y palmas. La toga de San Pedro casi es arrancada de cuajo. La gente que maniobraba el bote donde se llevaba al santo danzaba al ritmo de las olas del viento, de un lado para el otro sin poder mantener el control del timón.
           Llegando de regreso a la puerta del templo, San Pedro se cayó de cabeza y con él quienes lo sostenían. Rápidamente se levantaron y agarraron como pudieron aquella pesada esfinge de madera, la sacaron de la embarcación y la llevaron hasta su altar, con algunos palos lo amarraron haciendo una especie de pies de amigos y lo sostuvieron en su lugar.
          Afuera de la iglesia se oían las grandes gotas de agua caer en el techo, parecía que fuese grancilla o granizo. Las casas traqueteaban ante el embate de aquellos proyectiles caídos del oscuro cielo. A lo lejos todavía con algo de luz en el horizonte se veían venir estrepitosas cinco mangueras o tornados de mar. Toda la gente se persignaba e imploraba a San Pedro calmara aquella loca tormenta. Era demasiado el viento, la gente corría despavorida hacia sus casas a protegerse, cerraban ventanas y puertas con lo que conseguían. Las calles quedaron solas en un momento, solo la imagen tambaleante de un hombre se veía venir hacia la iglesia. Era Tello Cova que traía en cada mano un machete haciendo malabares cual samurái. Ya frente a la iglesia y mirando hacia el Piache comenzó a gritar haciendo unos conjuros y mientras mantenía los machetes en cruz, la escena se iluminaba a la luz de los rayos.
          El viento arreció más debido a la cercanía de las cinco mangueras. Con los ojos espabilados al máximo el joven Eleuterio invocó a todas las animas, chiriguas, todos los santos y a la virgen del Valle para que alejara aquel mixto y extraño fenómeno climático. Fue indescriptible que finalizado aquel ritual se escuchó una ráfaga de truenos como si fuera una salva que despedía a un muerto. Desde el cielo se dejó desprender una bola de fuego que destelló estrepitosamente en el cerro del Piache. Más sorprendente fue como las mangueras, ya tocando tierra, comenzaron a disiparse una tras otras; todo quedo en calma y sumido en un profundo y sepulcral silencio.
          Tello quedó de rodillas en la entrada del templo, extenuado por el acto realizado y llorando de emoción. La gente comenzó a salir de sus casas y comentado uno con otro lo que acababa de acontecer, se acercaron y rodearon al joven agradeciéndole su acto heróico y milagroso. Ese episodio quedaría grabado por siempre en la memoria histórica de los Cocheros.
          Al siguiente día salieron a la calle a comentar lo sucedido y buscarle explicación, no tardaron en llegar a un sinnúmero de conclusiones. Dijeron que todo había sido un castigo del ente divino por la forma desconsiderada y grosera de pedir que cayera agua del cielo. Como era costumbre para esas fechas los dos santos ofrecen por tradición una garúa milagrosa todos los años, la gente avariciosa pedía para que cayera un buen palo de agua, que quitara toda la polvareda dejada por la reseca cuaresma. Hubo gente que se extralimitó colocando olletas y peroles de todo calibre alrededor de la casa para no perder ni una sola gota de agua, haciendo caso omiso a las advertencias de las ancianas del pueblo que consideraban aquello sacrílego, ya que eso era pavoso y que indefectiblemente iba a alejar la ansiada lluvia. Todo este comportamiento irreverente y mezquino hizo enojar el patrón y nos advirtió con ese castigo.
          Otros comentaban que la dirección en la que se habían tirado los cohetes esa tarde no había sido la adecuada, ya que siempre se habían lanzado hacia el cerro detrás de la iglesia y esta vez se hizo hacia el cerro del Piache, eso pudo haber hecho enojar al espíritu cuidador y nos mandó el castigo Piachero, que pudo haber sido peor. Más tarde se comentó que el cura también tenía parte de culpa por no haber llevado a cabo la eucaristía ese día, así había quedó acumulado y pendiente una gran cantidad de pecados sin absolver que hizo enojar al patrono.
       Más tarde el boca floja del monaguillo dejó colar lo que le había comentado su jefe. Una semana antes el cura había viajado a Porlamar a buscar las ostias en la catedral y cuando pasó cerca del mercado desvió una parte del dinero asignado para comprar velas, comprando piñonates, gofios y conservas. Cuando llegó a Coche guardó en su baúl los dulces junto con las ostias. El calor y la humedad hizo que se enmohecieran las ostias, solo se salvaron como cinco; el resto del paquete de cien estaban cubiertos de una capa de negro moho, el cura trato de salvarlas raspándolas con un cuchillo como si fuera una diminuta arepa quemada, pero no se quiso arriesgar. Todo esto hizo pensar que el cura por su glotonería y falta de juicio el todopoderoso lo había castigado.
          Ese día después se retomó la planificación del acto y el cura para exculparse de lo sucedido descargó y recriminó a los feligreses las acciones pecaminosas que aquel estimulante verano había hecho estrago en la líbido de ellos. Esa temporada, dicho por el director de la escuela, se había notado un incremento alarmante de embarazos en las adolescentes; así como deserciones, desde que se fundó la escuela. Igualmente, los extravagantes rumores que habían hecho algunas mujeres del comportamiento sexual de sus maridos. Todo esto llevó al clérigo a concluir que parte de lo sucedido se debía a una especie de advertencia al pueblo por su reprochable conducta. Asimismo, aprovechó el momento para regañar a la población sobre sus exageraciones en la interpretación de lo sucedido, como por ejemplo la “bola de fuego que venía del cielo”, no siendo mas que un rayo que cayó sobre una mata de yaque, achicharrándolo.
          Además de todo lo ocurrido, la gloria que había ganado aquel valiente héroe no duró mucho tiempo, ya que en la mañana del día después de la tormenta aparecieron extrañamente una gran cantidad de toninas o delfines abollados en la orilla de la playa cerca del bajo. Tello se había levantado temprano para recorrer la playa y ver que había traído la tormenta, tropezando con aquel espectáculo. Cargó con todo lo que pudo y se lo llevó a su casa. Allí los sajo, saló y lo tendió en un pequeño asoleadero que tenía y otra parte la puso sobre la tapia hecha de botutos que tenía su casa. Ya en sal el producto lo comenzó a ofrecer como cazón salado. La gente no tardó en darse cuenta del engaño y lo denunciaron a las autoridades. Llegó el jefe civil, un tal Benito Bermúdez, con un policía y se lo llevaron detenido por pícaro y tracalero; estuvo preso cuatro días. El mito de Tello Cova todavía se mantiene hasta el sol de hoy, aunado al detalle de que esa fue la única vez que se ha celebrado la procesión de San Pedro un treinta de junio y las mujeres han quedado a la espera de un verano similar.

Venezuela, Cabimas, 27-06-2020.

PRESENCIA DEL AUSENTE


FELIZ CUMPLEAÑOS



“A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en el mismo ataúd.” (Alphonse de Lamartine)
          No deja de ser cierta esta expresión del notable poeta francés. En tu caso son muchos los corazones que se desgajaron y que te acompañan por siempre, todos ellos de los que te amaron y acompañaron por tu fugaz senda vivida.
          La ausencia es absorción que se lleva y arrastra lentamente hasta sus entrañas todas las memorias, tantos hechos y tantos sueños. Se lleva las esperanzas atadas a tiernos amores que comenzaban a brotar. Se lleva los bellos anhelos asidos al diminuto dedo índice que nos llenaría de inmensa felicidad. En un solo trago se lleva aquellos inmensos abrazos impregnados de acolchada dulzura, abrazos sublimes que calman la sed de cercanía.
          Es una ida de corazones hambrientos de amor desbordado que se llevan aquellas palabras que nos dijimos y ya no recordamos, aquellas que no nos dijimos y son arrepiento, aquellas que solo pensamos y sentimos decirlas, aquellas mudas de profundidad que resuenan en un eco permanente en nuestro mutilado corazón.
          Se lleva tantas palabras incipientes que apenas son débiles letras que se nos desgastan. Se lleva la clara sombra que emite el silencio cuando te sentimos. Te lleva y deja fijo tu rostro perpetuo invariable en el tiempo, con una expresión tierna que duele, con una amada sonrisa que se fijó en el daguerrotipo eterno de tu dolida ausencia.
          Ausencia ten piedad y no te lleves los recuerdos que nos quedan para referir nuestras angustias por su ser, nuestros temores de olvido; que esas palabras nos permitan por siempre cargar con sus esperanzas que ahora son nuestras y que nos atan a su infinita presencia.
           Ciao mijo…

Venezuela, Cabimas, 28-06-2020.

lunes, 22 de junio de 2020

PAPA


Por: Humberto Frontado


          Temprano en la mañana de un plácido domingo se escuchó la voz de mi mamá por toda la casa cuando decía.
          - Saliendo en una hora para Barrio Libertad y el que se quedó se quedó.
          Era una orden de la generala y había que prepararse rápidamente para salir. En tropel nos amuñuñábamos haciendo fila india para entrar al baño. Primero las mujeres después los hombres de menor a mayor. Había que apurar el paso, porque estábamos a punto de escuchar el segundo llamado de:
          - ¡A comer!… y a misa una sola vez se avisa.
          En un santiamén todos estábamos sentados alrededor de la mesa en los sitios que cada quien tenía asignado, esperando la presencia de Papa. El desayuno era un suculento plato de avena con un pancito dulce, suficiente para amortiguar toda la mañana. Ya sentado Papa se daba la partida y arrancaba el concierto de cuchareos en los platos. Casi terminando la faena se volvía a oír la voz de mama advirtiendo.
          - No se vayan a desperdigar, vean que ya vamos a salir.
          Ese era el día de ir a visitar al abuelo, en orden de tamaño íbamos entrando en el “Ford Falcón”. La ventanilla era para los mayores y el chiripero apurruñados en el centro. El viaje era de más o menos veinte minutos llenos de pellizcos, golpes, empujones y a veces mordiscos bajo la mirada siquitrillante del chofer, proyectada a todo color por el retrovisor.
           Al llegar a la casa del abuelo en hilera íbamos pidiendo la bendición y besando la mano del abuelo que siempre estaba llena de tierra, pintura o grasa, porque era demasiado inquieto y todo el tiempo estaba ocupado haciendo algo. Al pasar por dentro de la casa, parecíamos “chivos en cristalería”, había que caminar con sumo cuidado para no tropezar las mesas, muebles, sillas o esquineros repletos de adornos de cristal, colocados por la abuela y las dos tías sobre blancos mantras tejidos y almidonados como armadores. Al llegar al patio era la salvación, lo primero que hacíamos era visitar las matas de hicacos y de poncigué que todo el tiempo estaban cargadas, después íbamos al palomar a joder un poco a las palomas y sus pichones.
          En esas visitas estábamos más pendiente de ir a curucutear el patio y sacudir las matas que de hablar y escuchar cuentos del abuelo. Lo que si se notaba en esas visitas era el respeto de Papa hacia aquel anciano ser. Más adelante la admiración hacia nuestro padre se acrecentó cuando nos fuimos enterando de la relación que hubo entre ellos mucho tiempo atrás en la Isla de Coche. Papa era hijo natural sin reconocimiento como el común denominador de los niños de ese período, solo era hijo para dar constancia de que se mantenía la costumbre del machismo de la época, la tradición era tener hijos no importaba del vientre de donde viniera y mucho menos la atención hacia ellos cómo debía ser. Eran sujetos para hacer solo mandados y oficios, no había atención y mucho menos educación, eso no tenía valor.
          Como cualquier otro chico en aquella olvidada isla se tuvo que embraguetar desde temprano, acompañaba a su padre en la pesca y le mantenía los mimados gallos de pelea, sacaba sal en la salina en tiempo de saque, esa fue su niñez y adolescencia. Aprendió de su querido padrino lo básico de matemáticas, lectura y escritura, su ocio lo dividía en correr sus sueños por los cerros y jugar pelota en la salineta.
          Pronto se unió a la que iba a ser su yunta por siempre, mujer bregadora como él con la que tuvo el primer cardumen de tres hijos vallesequeros. Se enfrentó a los miedos de la gran decisión de migrar al Zulia dejando atrás a su familia, como lo habían hecho otros tantos cocheros, buscando un mejor porvenir. “O te vas pá Maracaibo a trabajar las minas de petróleo o te quedas en Coche atendiendo las minas de guate é puerco”, ese era el instigador eslogan de los viejos hacia los jóvenes.
          Durante la ausencia de Papa, contaba mama que muchas veces la invadía la sombra del abandono; le bastaba sacudir la cabeza y retornar a la faena de trabajo para traer a su mente la confianza en su compañero que la confirmaba en cada una de las cartas que enviaba mes tras mes, durante casi tres años.
          Establecido en la compañía trabajando como marino Papa nos mandó a buscar en un viaje de casi tres días de travesía. Allí estaba él esperándonos en la nueva casa en Lagunillas, como la llamó una vez: el “Corinto de Grecia”, ya que era paso obligado de los vallesequeros que emigraban y donde se les daba albergue. En una oportunidad, comento mama, habíamos once personas congregadas en aquella pequeña casa de un solo cuarto, baño, sala y cocina, éramos cinco más seis convidados. Papa mayor que muchos de los que llegaban, lo consideraban un hermano de respeto o padre putativo, por su carácter y temple, era su confidente. En esa fraternidad los pequeños éramos sobrinos malcriados de todos los hombres que convergían en ese oasis. Mama aprovechaba y les cobraba la lavada de la ropa y les vendía las cervezas del fin de semana.
           En general, cada casa de los cocheros en Cabimas, Lagunillas o Maracaibo era un lugar donde se le daba estadía y abrigo a los migrantes conterráneos. Venían matrimonios, adultos, jóvenes, viejos todos eran bienvenidos. Casi todas las semanas se festejaba con una parranda, iban visitando de casa en casa achicando las garrafas de ron con poncigué. Había oportunidades que los compinches visitaban a Papa para que los acompañaran en el jolgorio y él los sorprendía con un rechazo rotundo diciendo que estaba de guardia, sin embargo, les dejaba la garrafa. Más de uno le insistía para que cambiara de opinión, pero no lograban nada. Papa se jubiló de Maraven con treinta años de trabajo sin ninguna falta e inasistencia, ese era su carta aval para darnos ejemplo de rectitud y responsabilidad. Llegar tarde a una cita era una falta de respeto y desconsideración. El viejo era de poco hablar, pero cuando lo hacía era contundente. Uno de sus refranes era: “el que mucho habla mucho erra”.
          Estaba lleno de anécdotas, cuentos y un sinnúmero de poemas y décimas que en cualquier momento las recitaba. Su memoria era prodigiosa repleta de grandiosas vivencias. Fue querido por sus hermanos que lo vieron siempre como un cabeza de familia o confidente, dicho por ellos. A veces se pasaba de estricto y en otras se excedía en complacencia. En una oportunidad en semana santa ya se había planeado ir al rio Burro Negro para pasar un domingo divertido. Sorpresa para nosotros cuando en la noche, mientras estábamos imaginando las cosas que íbamos a hacer en el río, apareció mama diciéndonos que el viaje se había cancelado porque Papa iba a hacer la guardia que le correspondía a un compañero de trabajo. Todos nos molestamos y le comentábamos a mama porque esa persona no se había antojado de otra persona sino de Papa. Claro que eso no se lo podíamos decir a Papa ya que esa era una falta de respeto. Mama era la que nos daba la cara y nos manifestaba que esa era su decisión y había que respetarla. Varias veces sucedió eso y nos dimos cuenta de lo considerado que era con sus compañeros, nosotros sospechábamos que muchas veces se la echaron de vivos con él.
          Una vez nos contó sobre el día que compró su flamante “Ford Falcón”, el dueño de la concesionaria era su hermano masón y lo incitaba a que comprara uno más grande y un poco más caro, él le respondió sonriente.
        - Hermano tranquilo, ese es el “forsito” que necesito, además “hay que cobijarse hasta donde nos alcance la cobija”.
          Para toda ocasión tenía un refrán o un dicho, una vez nos salió con uno que tardamos de entender hasta que nos explicó, ese era: “A mí no conchae´ mangle, yo te conocí en Guanoco”. Muchas veces nos dijo, cuándo lo ameritaba: “la avaricia rompe el saco”, tenía respeto por la austeridad y la humildad, eso eran unos de sus valores notables. Su padre fue tan persistente en lo que hacía que una vez comenzó a fabricar peines de carey utilizando una segueta, el producto terminado parecía la dentadura de un caimán con todos los dientes disparejos. Esa constancia y perseverancia la heredó para fijarse metas y alcanzarlas, logro sacar su sexto grado mientras trabajaba y años más tarde saco su título de “Capitán Costanero”.
          El tiempo transcurría rápidamente, se añadió a la tropa cuatro hijos lagunilleros. Esa estadía en el Zulia dió para amasar una gran cantidad de compadres y grandes amigos, muchos de ellos, como les decía “buenos hasta el carrete”. En la calle “Broadway” de Puerto Nuevo donde estaba ubicada nuestra casa los hijos de los amigos vecinos le decían Papa por cariño.
          Después de dar término a su labor en Maraven, al siguiente día estaba recogiendo todos sus peroles y cachivaches metiéndolos en su nueva camioneta Ford, para iniciar el retorno a su amada Isla de Coche que lo llamaba a la presencia de su mamá.
          Establecido en su Valle Seco vió partir a tanta gente, entre ellos su santa madre, luego mama su inseparable yunta y eterno amor, sus hermanos, compadres y amigos; comentó una vez sollozando: “mis amigos me están dejando solo”. Frente a la casa de su madre pasaban los amigos a saludarlo, hablaban con él un rato y se tomaban un cafecito, pero con el tiempo el incisivo viento de arriba con su polvareda fueron desgastando esa presencia y su razón de vivir.
          El 10 de abril del 2018 se marchó Humberto Frontado dejando toda una herencia de sinceridad, honradez, compañerismo, amor por su familia y amigos. Quienes lo acompañamos en su último viaje desde Valle Seco hasta el camposanto pudimos confirmar su frecuente dicho que alude el enfrentar las inesperadas vicisitudes: “pa´lante que el muerto pesa y el cementerio está lejos”. Gracias Papa.

Venezuela, Cabimas, 20-06-2020.

          Notas:
Dichos y expresiones más comunes del Catire de Quintina:
  •          ¡A buen tiempo en Araya y lloviendo en Aricagua!
  •          ¡Mariana y su hija Ifigenia!
  •          ¡Yo no sé de aguja, María es la que cose!
  •          ¡Zamuro con mucha tripa se enreda y no come ná!
  •          ¡Ahí estas, como perico en estaca!
  •          ¡Que vaá saber ese guevón!
  •          ¡No te hagas el musiú!
  •          ¡A otro perro con ese hueso!
  •          ¡Ese es buen amigo hasta el carrete!
  •          ¡Coche no es un pobre pueblo, sino un pueblo pobre!
  •          ¡Viento en popa y a toda vela!
  •       ¡No importa que los de adelante se apresuran en correr mientras nosotros ligero caminemos!
  •          ¡Más limpio que majarete al revés!
  •          ¡Cada quien jala la brasa pá su sardina!
  •          ¡Estas bailando en un tusero!


domingo, 14 de junio de 2020

EL BURRO Y EL ZAMURO

Por: Humberto Frontado



        Una temprana mañana pasando entre los cerros y apartándolos como gajos de nada aparece el inoportuno y escandaloso sol, despertando a todos con su ruido incandescente. Ya son muchos los meses que lleva la isla sin una gota de agua provenientes del impredecible cielo. Hace tiempo que las nubes dejaron de pastorear sobre los ásperos cerros de Coche. La cuarteada tierra no tiene nada que ofrecer, la presencia permanente de una erosionante polvareda nos somete y carcome cualquier esperanza que ose brotar en este afligido pueblo.
        Un viejo guaraguao montado en el tubo de la lámpara de alumbrado de la calle se acicalaba, quitándose la polvareda nocturna con la prestancia y parsimonia que dan los años. A este peculiar espécimen la naturaleza lo ha diseñado para condiciones extremas. La cabeza y cuello carecen de plumas para no tener problema de higiene cuando tenga que zambullirse glotonamente dentro de su plato de comida. En su detallado procedimiento de pulcritud hacía énfasis en las plumas principales que actúan como alerones en sus largas jornadas de planeación.  
        Después de una profunda exfoliación decide dar un paseo para buscar algo que comer. Salta con un buen impulso y abre las alas con el cuidado de no rozar los cables de electricidad, porque ha aprendido que el roce con los alambres daña sus plumas, no por temer a perecer electrocutado como ha pasado con varios de sus difuntos camaradas. Los zamuros se han acostumbrado a estar en el pueblo y muchos se reúnen en los techos de las casas esperando echen algunas sobras de comida en los patios, contando con que no aparezcan los perros o los gatos.
        Esto es una novedad ya que antes los guaraguaos tenían su rutina de alimentación en los cerros. Ahora debido a la sequía y falta de cadáveres han tenido que emigrar al pueblo. De hecho, ya se acostumbraron a estar en grupos acicalándose entre ellos al borde de la carretera dentro del pueblo, cercano siempre a sitios donde la gente inconsciente bota la basura.
         El protagonista de nuestro relato se enfiló a sobrevolar los cerros a ver si tenía suerte. Aprovechando las corrientes de aire cálido que suben al cielo, se fue surfeando intercambiando las olas de viento hasta lograr la de más energía. Con una buena altura hizo un barrido visual para ver qué le llamaba la atención; notar a un grupo de moscas revoloteando sobre algo le indican que hay posible comida. Dentro de la marejada de aire abre al máximo sus cornetes de su sentido olfativo para detectar algún indicio de fetidez en el área.
        Recorrió toda la isla de cabo a rabo sin encontrar nada, de regreso al sitio de origen observó a lo lejos por un instante a un viejo burro que avanzaba a paso lento por entre dos cerros. El asno se detuvo a reposar un instante ya que el tortuoso y pedregoso sendero lo habían hecho trastabillar varias veces. El guaraguao vió sorprendido la actitud del cuadrúpedo y decide acercarse al sitio para tomar más detalles. Se posó en una lánguida rama de un palidecido yaque y desde allí estuvo contemplando por un rato al cansado animal, sin percatarse que él también lo estaba viendo por el rabo del ojo. El cuadrúpedo se movió rotando lentamente evitando el encandilamiento del aguijante sol y se colocó casi de frente al carroñero para decirle.
-         Qué te pasa zopilote
que tu altives has perdido,
te veo en la retama escondido
como un malvado en asecho,
ungido de mentira y mote
al traste has llevado tu prestancia;
es más el hambre y el ansia,
que un cuervo de ti ha hecho.

        El zamuro que no esperaba la acción del fatigado animal, cerró los ojos y buscó rápida inspiración para responderle.
-         Discúlpame asno anciano
si mi estampa te ha molestado,
es que estas tan acabado
y verte así me lastima,
de mi mente echo mano
pensando cómo voy a comerte
cuando el tiempo te de muerte
y con ganas te caiga encima.

        El equino se sacudió como mostrándole al impertinente que todavía quedaba energía en él, más aún sorprendió cuando su vianda andante tomo una larga aspirada e hizo un soneto a capela de su rebuzno sostenido y pausado. Al finalizar tomó la senda que traía y siguió camino al pueblo para buscar la comida que le tenía su dueño. El zamuro imitando al odioso burro también se sacudió y exclamó levantando la voz para que lo escuchara.
-         Malayo burro malcriado
que ya te había agarrado cariño,
te has portado como un niño
y no me tienes consideración,
mis servicios has despreciado
ayudo a quien está por morir,
le hago cómodo su partir
cuando le llegue la ocasión.

        El zamuro respiró profundamente, pero no para chillar como hizo el burro, sino para descargar su lastimera desesperanza. Desde la mata de yaque miró hacia los lados buscando distancia para despegar vuelo, esta vez para irse de nuevo a relamer su desgracia agarrado del pescuezo de la lámpara del alumbrado. Echó una sosegada mirada al tenue y quieto atardecer que sin muchos espavientos mostraba la lenta zambullida de aquella madura esfera dorada atravesando la pulcra línea horizontal. Era tanta la quietud en la escena que se pudo escuchar el chirriar del sol cuando entro al mar.

Venezuela, Cabimas, 23-04-2020.

domingo, 7 de junio de 2020

EL BOLO, LA CANGREJA Y EL ZAMURO


Por: Humberto Frontado



         En la playa, a un lado del muelle las tenues olas de la mañana traen a rastras un pálido y moribundo bolito(1); pasó toda la noche retorciéndose del intenso dolor que le producía una herida en su boca. La cortada se lo había provocado un oxidado y lacerante anzuelo de algún noctámbulo pescador. Lloriqueaba desconsolado y entre mocos se decía a sí mismo.
         - Bien me lo decía mi mamá, que no viniera de noche a buscar comida en este muei.
        Se ha desangrado todo por la desgarrada herida en su boca. El labio superior se le abrió quedando como un boquinete. Ha perdido su fuerza y no puede coordinar sus movimientos, quedó a merced del arpegio de las odiosas olas que continuamente lo llevan y traen, que lo arremolinan y estropean más de la cuenta.
        Muy cerca del atolondrado y doblegado bolo se encontraba una curiosa cangrejita que tenía rato frotándose las tenacitas, veía su suculento almuerzo ir y venir al son de las ondas, dejando que se sazonara en su esencia de delirio. Impaciente la intrépida crustácea se le acercaba tímida de ladito al escamado. Él viéndola de reojo y presintiendo un molesto pellizco se movía para advertir que todavía estaba presente, buscando siempre estar cubierto de agua. La escuálida jaiba reculó unos pasos y decidió esperar tranquilamente diciéndose a sí mismo.
        - Solo es cuestión de tiempo, esperaré a que se cocine lentamente.
        De repente una sombra negra venida desde el cielo lo espantó e hizo que se zambullera violentamente y desapareciera. Ya segura en el agua notó que era un Zamuro(2) que había aparecido de la nada. La brisa abanicada por el carroñero despertó al debilitado pececillo, quien se sacudió violentamente para incorporarse haciéndose notar por el nuevo comensal que hasta ese momento no había sido invitado al banquete. El guaraguao se retiró de la orilla para que no se le mojaran las patas y se le engarrotaran los dedos. Recogió sus alas y caminó de lado a lado como si imitara a un pingüino, diciéndose.
        - Esto es solo cosa de paciencia y esa es una de mis especialidades, de aquí yo no me muevo.
        El zopilote mirando fijo al moribundo bolo, llenó su mente de recuerdos de antaño, pensando que era extraño para él y su familia venir a comer a la orilla de la playa; esto solo lo hacíamos cuando lanzaban el cadáver de un burro para que se lo llevara el mar, o un gran pez que muerto era arrastrado por las olas a la playa. Ahora todo ha cambiado, nos pasamos todo el día rastrillando la orilla de la playa a ver que nos dejan los pescadores que calan los mandingas, que hoy por hoy no es mucho.
        El zopilote vió la sigilosa aparición de la cangreja nuevamente, pensando lo peor. Movió abruptamente las alas para asustar la impertinente ladronzuela. El aleteo del zopilote alertó al bolo, quien atrincado a la poca energía que le quedaba tomó un impulso aprovechando el retorno de la ola e inició su desconcertante escapatoria. El zamuro y la cangreja se quedaron peripatéticos mirándose el uno al otro, mientras que una extraña coincidencia los hizo sintonizar frecuencia de un mismo pensamiento, diciéndose.
        -  Será para otro momento.
      Así envuelta en un hálito de desesperanza la cangreja quedó sumida pensando en su inmortalidad. Al zamuro también lo atrajo una imagen paradójica, que lo llevó a verse enredado bailando sobre un amasijo de resbalosas tripas, similares a unos tragavenados de siete cabezas que lo atrapaba y engullía.

Venezuela, Cabimas, 23-04-2020

Notas:
(1) Bolo, guatacare: Caracteres distintivos. Cuerpo alargado y ligeramente comprimido, de color pardo verdoso hacia la parte dorsal; lados del cuerpo con franjas estrechas pardo oscuro, dispuestas más o menos en dos series, una superior y otra hacia la mitad del cuerpo, centralmente blancuzco.

Distribución. Costas de Suramérica, desde el Golfo de Venezuela hasta São Paulo, Brasil. En Venezuela es una especie común a lo largo de toda la costa en aguas neríticas con fondos blandos. Alimentación. Consume principalmente peces, pero también crustáceos como camarones. Obtenido de El libro Los peces del delta del Orinoco.
(2) Zamuro: Ave carroñera de color negro; en áreas pobladas por humanos hurga en basureros, come huevos y material vegetal en descomposición y puede matar o lesionar a mamíferos recién nacidos o incapacitados. Como otros buitres, juegan un papel importante en el ecosistema al eliminar la carroña que de otra manera sería terreno fértil para enfermedades. Zopilote, Buitre, Guaraguao, Carroñero, curumo, chulo, gallinazo.

Resumen de la ultima entrega

EL HOMBRE DE PASADO MAÑANA

Por Humberto Frontado       E l hombre de pasado mañana, una figura incomoda y reprochable; un extranjero en su propio tiempo.    ...