domingo, 10 de enero de 2021

EL OSCURO ENCUENTRO DE TRES TIPOS

Por Humberto Frontado


           Érase una noche que según los connotados astrónomos iba a ser la más oscura observada en casi un siglo. Se concatenaban el efecto de un eclipse total de luna con la aparición transitoria de una extensa capa magnética, producto de la descomunal explosión sucedida en el sol muchas décadas atrás. Esa conjunción influiría en la opacidad del haz de luz de cada estrella debido a la distorsión momentánea del tiempo y el espacio. Sin embargo, todo ese espectacular y sinigual fenómeno no hubiese representado tanta oscuridad en la Isla de Coche a no ser porque ese día hubo una caída del suministro eléctrico desde la seis de la tarde hasta las seis de la mañana del otro día, por la falta de gasoil para la obsoleta planta.

          Una suave brisa se desplazaba silbando entre algunos árboles alrededor de las tumbas que urbanizaban el pequeño cementerio de la isla. Los lugareños comentan que esos árboles nacieron por su cuenta allí y habían sobrevivido en ese terreno tan árido porque se nutrían de las almas de los difuntos que allí reposan. Se hacían remolinillos de viento arrastrando hojas y flores secas que se desprendían de los viejos y deshidratados arreglos encima de las tumbas.

          A media noche, desde la profundidad de un largo pasillo de sepulcros se aproximaba caminando pausado un esquelético personaje. La batola negra que lo cubría, que era más hilachas que tela, se movía cadenciosa al ritmo de aquella cosa cadavérica. Miró hacia los lados buscando algo, luego de un rato se llevó sus huesudas manos a la boca y entrelazándolas emitió un extraño sonido parecido al canto de las potocas. Más tarde se escuchó a lo lejos, como un eco, la contestación. 

          El macabro personaje sacudió con su ruñida manta la tapa de una de las tumbas al momento que decía, refiriéndose al difunto.

        -         Permiso y disculpa Chemilo, voy a sentarme un rato en tu eterno aposento.

          Cruzó sus huesudas piernas y mientras esperaba paciente comenzó a golpear con la punta de sus dedos, en forma secuencial de meñique a índice cual tamborilero, la tapa de cemento. Casi a punto de accionar nuevamente su canto de tórtola apareció de pronto dirigiéndose a él desde uno de los contiguos callejones algo parecido a un enano de circo. Su atuendo lo componía un viejo paltó emparchado con remiendos multicolores, que en la penumbra más bien eran multigrises. Era El Chinamo y había hecho acto de presencia ante su pariente mayor La Chirigua.

          El pequeño tamaño de El Chinamo perpetuamente lo hace ver más joven, como el mismo dice: “burro chiquito siempre será pollino”. Después de mucho tiempo de constantes visitas a los pueblos de Coche, muchos de los viejos concluirían que El Chinamo es un ánima que tiene el síndrome de enanismo, y por eso la gente lo asoció a una leyenda equivocada; donde él fue un niño que murió en extrañas circunstancias y no fue bautizado. Más tarde su espíritu salía por las noches a echar vaina y a buscar sediento el agua que debió haber sido usada en su bautismo.

          -         ¡Muchacho! …¿dónde estabas metido?, que tengo tiempo esperándolos aquí en esta morada -  el seudo muchacho se arremangó el añejo saco de casimir y le contestó.

         -         Disculpa hermano, fue que me distraje un rato viendo que “alante” cerca de la entrada enterraron a alguien de allá arriba y dejaron todo eso echo un chiquero. Batieron cemento para pegar las tapas de la tumba y dejaron todo sucio, las pipas y bolsas de cemento las dejaron en el camino buscando que nos “golpiemos” una canilla con esa vaina.

          -         ¿Y no vistes al Pati por allí? – preguntó La Chirigua con desconcierto -  ese es otro que anda más perdido que el hijo de Lindbergh, no lo he visto desde hace tiempo.

          No había terminado su comentario cuando apareció apartando de las matas unas ramas que colgaban y exclamando animoso.

         -         ¡Epa mis paisanos! ¿cómo les va? ... “aquí estoy pá los que quieran correr y chorrearse del susto” … y después que vayan a contar al pueblo que pelearon con El Patiquín cuerpo a cuerpo …   ja ja ja …! quia, que porquería!

           -         ¿Tu cómo que estas rascao Pati? – le dice El Chinamo acercándose a él.

          -         Bueno estoy más bien picáo porque viniendo de arriba me eché cuatro dedos de ron de una botella de RY que me encontré. Alguien la dejó mal puesta en la calzada frente al bar de Chente, eso sí que es un milagro.

          -         Bueno muchachos – toma la palabra la vieja Chirigua - yo quería hablar con ustedes dos para plantearles algunas cosas en la que he pensado todos estos días. Es sobre nuestras existencias, nuestro propósito en este mundo y sobretodo qué vamos a continuar haciendo aquí en esta maltratada isla. Leí por allí y me llamó la atención que los artistas cuando quieren mantenerse vigentes tienen que renovarse periódicamente y es lo que nosotros tenemos que hacer de algún modo. Les cuento que hace unos días a eso de las dos de la madrugada me le acerqué a un Vallesequero que iba rascao y se paró a orinar al pie de un poste, me le fui acercando por detrás para asustarlo y el condenado se volteó sorpresivamente y me orinó la túnica gritándome  ”qué te pasa guevón”. Yo lo que hice fue bajar la cabeza y aguantar la risa para no “miarme”.

           -         Se acuerdan muchachos – comenta El Patiquín – cuando en las noches penumbrosas donde los miedos en la gente son más intensos y en las iglesias se convocaba a estar en una inmersión total bajo la unción del todopoderoso. Hasta nosotros mismos nos acobardábamos, ante el miedo a desaparecer por una rabieta que tomara el omnipresente. Pero la historia nos aclaró que todo eso era una estrategia de las iglesias para que todo el mundo estuviese tranquilo y bien portado en todos los terrenos. Ese miedo orientado a nuestra supervivencia es la que ha prevalecido y no debe morir nunca. Anteriormente la gente sentía miedo al paso del tiempo, pero ahora éste pasa tan rápido, sumiéndolos en tantos problemas, que ni bola les paran.  Los miedos ahora son más hacia las cosas materiales y no a lo emocional. Ya ni siquiera existe el miedo a perder el tiempo, éste es más un lujo que una necesidad. Siento que el año 2020 con todos los problemas que implicó a muchos les arrebató hasta el miedo; congeniar con él durante un largo periodo hace que la gente se sienta inmune, lo acepta y digiere apaciblemente. Los niños con la información que día a día tienen a través de la realidad del mundo y las películas de terror, definitivamente han perdido el miedo y la memoria hacia todos nosotros que hemos estado presentes en la mente de sus padres y ancestros. Los niños se han refugiado en el sentido del humor, sarcástico y divertido, que por lo menos en ellos es abundante para burlarse y olvidarse de nuestra presencia. Sinceramente el hombre actual llegará a dejarse atrapar por otro tipo de miedo, tan inabarcable y tan incierto que se devorará así mismo para crear un inmenso temor a la existencia. Por eso es muy probable que tengamos que tomar otras vías de existencia, considerando lo que propone La Chiri.

          -         Nuestra aparición por estos predios es esporádica y sin recompensas – exclama La Chirigua moviendo negativamente la cabeza con sus hilachadas greñas – ya tu Palanquín, cuando la gente te ve más bien se ríen de tu aspecto, dicen que pareces un muñeco de marionetero de pacotilla y de un solo acto, tu atuendo desaliñado y oscuro te hace ver como un veterano indigente y tu Chinamo, que te faltan el respeto apodándote el “Chuky reloaded”; que aquella jocosa aventura de jalarle los pies a la gente cuando los dejaban fuera de la cama mientras dormían ya no tiene gracia ni sentido, además de todos esa reguera de vasos inútiles que dejaban por toda la casa para calmar tu sed de dolor es una tremenda zoquetada.  Y yo, que me había ganado un prestigio y un reconocimiento por toda Latinoamérica junto a La Llorona, La Sayona, El Silbón y otros tantos, ya formamos parte de la cultura y tradición en un tiempo particular que parece estar llegando al final.

          -         No olvidemos – comenta El Chinamo en tono indeciso – que el coctel miedo e ignorancia han sido siempre la mejor combinación para nosotros poder subsistir en el tiempo, así que pudiéramos avanzar hacia esa opción. Irnos a otras latitudes donde haya menos información y tecnología, así tengamos que comenzar de nuevo.

          La altiva Chirigua se levantó de su improvisado asiento y alisándose los pocos pelos de su encanecida chiva les dijo.

          -         Me van a disculpar compadres, pero tengamos en cuenta lo que les voy a decir. Nosotros tenemos siglos aquí en la isla, y a través del tiempo buenos o malos hemos compartido con esta gente. Hemos sido líderes y consejeros de los que ya se han ido. No podemos echar por la borda tanta convivencia, hemos estado presentes por tantos años en la oscuridad de la noche en cada uno de sus hogares, hurgando en sus sueños y protagonizando sus temores. Prácticamente los conocemos a todos internamente y sabemos de lo que son capaces de lograr. Creo que ganamos más quedándonos en casa y buscar opciones para hacernos sentir, así sea en el plano tradicionalista y sentimental.

          Los tres oscuros personajes se miraron entre ellos asintiendo con la cabeza un sincero acuerdo trasnochado. Se abrazaron haciendo un oscuro torbellino que luego se hizo humo y desaparecieron.

 

Venezuela, Cabimas, 10-01-21

domingo, 3 de enero de 2021

LA ABUELA DE LIBROS

 Por Humberto Frontado



          Temprano en la mañana de ese sábado una brisa fresca cobijaba sutilmente al pequeño pueblo de El Dividive. Cual crisálida que abre y da paso a la salida de una bella mariposa, igual abrió aquel pequeño chinchorro multicolor donde apareció una blanca niña. Se bajó de su lecho, se calzó las sandalias de cuero y caminando, mientras los rayos del sol despertaban su aún dormido cuerpecito, cruzó el patio hasta llegar a la letrina séptica donde orinó. Regresó a un pequeño mesón hecho de rústica madera pegado a la pared de uno de los lados de la cocina. Esa tapia de barro y caña brava tenía tres huecos de ventilación donde se acostumbraba guarda el jabón azul y varios cepillos de dientes.

         La blanca niña se cepilló los dientes y se lavó la cara, tomó un pequeño trapo tendido sobre una cuerda y se secó la cara. Terminando de acicalarse notó que su madre estaba llegando al tendedero con una ponchera llena de ropa lavada para tenderlas al sol. La muchacha suspicaz miró hacia el fogón y estaba todo recogido, las arepas estaban envueltas en un trapo cerca de las brasas aún prendidas. Miró insistente hacia los lados y no vió a su padre en sus labores. El raro escenario indujo a la niña a dirigirse sobresaltada a su madre preguntándole.

          -         Mamá … ¿dónde está papá?

       -         Tu padre salió temprano hacia el Vigía – contestó la atareada mujer, pasándose la mano por la frente para quitarse el sudor.

          Aclarado el paradero de su padre la joven tomó una escoba que estaba apoyada en la cerca y comenzó a barrer el patio suavemente para no levantar polvo. La delicadeza con la que barría se hizo tan extrema que sacó de quicio a su madre quien le gritó.

          -         Elsita… ¿Qué te pasa? … ¿en qué piensas?

          La muchacha sacada abruptamente del letargo, soltó la escoba del susto, miró tímida a su madre diciéndole.

         -         Es que estoy pensando en mi papá…él me dijo que me iba a traer un nuevo libro, ojala sea tan bueno como el que me trajo el mes pasado …!ya lo he leído tres veces!

          -         Préstaselo a tus hermanos para que lo lean, de seguro a ellos les gustará también – señaló la mujer con tierna voz, mientras se acercó a la niña y comenzó a recogerle el pelo con su peineta – terminó diciéndole – Elsita…es posible que tu padre venga pasado mañana, ya que él fue a arreglar un negocio de unos terrenos que su compadre quiere vender.

          Al terminar de escuchar a su madre la muchacha hizo un gesto de decepción y dijo entre dientes.

          -         Bueno… ojalá no se le vaya a olvidar mi libro.

          La jovenzuela sabía claramente que esa ausencia de su padre representaba para ella más quehaceres y responsabilidades en la casa, era la ley ya que era la mayor. No tenía que consultar con su mamá o ver alguna anotación, simplemente tomaba los aperos y se ponía a laborar. Empezó a cortar algo de monte y arbustos con sus dos hermanos, lo redujeron de tamaño y se lo dieron a los dos burros, a las cuatro cabras y al cochino. A las gallinas y los patos les dió su ración de maíz. Tomó agua en un tobo y les repartió entre todos los animales. Jugó un rato con los burros, cogía un buche de agua y con presión les lanzaba un chorrito apuntando a las orejas, los equinos se sacudían eléctricamente cuando el líquido les hacía cosquillas.

           Corrían buenos tiempos para la actividad comercial en la zona andina de Venezuela.  Los pueblos cercanos a la larga carretera que atravesaba la cadena montañosa se veían favorecidos. El Dividive perteneciente al estado Trujillo fue uno de ellos. Estaba apostado justamente al lado de lo que sería, años después, un anexo del descomunal proyecto de la carretera panamericana, que atravesaría a toda América, desde Alaska hasta la Patagonia en Argentina.  

          Ejecutando los quehaceres podía estar muy concentrada hasta que se cruzaba por su mente la pregunta ¿qué libro me traerá papá? Después de estar casi tres días fuera de la casa estaba por llegar el bien esperado hombre. Elsita habiendo terminado temprano su oficio se había bañado y vestido para esperar a su padre, abría cada cierto tiempo una de las altas hojas de la puerta principal, se asomaba impaciente y miraba calle abajo donde suponía haría aparición su padre. Hasta que por fin en una de las asomadas vió a lo lejos a un hombre vestido de pantalón de caqui y camisa blanca con mangas arremangadas; traía debajo del brazo derecho una pequeña caja de cartón y en la mano izquierda una bolsa de papel. La muchacha no pudo contenerse y caminó un trecho a encontrarse con su padre, se abrazaron y caminaron juntos hasta la casa. Ya en la residencia el resto de los muchachos pidieron la bendición y acompañaron al estropeado y hambriento hombre hasta el comedor. Rápidamente fue atendido por su esposa quien le quitó los paquetes y sirvió la cena.

           Después de cenar y comentar algunas peripecias del viaje, ordenó a uno de los muchachos trajera la bolsa de papel. Raudo y en un santiamén tenía la marusa en sus manos. Lo primero que sacó fue un bello corte de tela que entregó a su esposa, luego un emboque de madera para el menor, para el segundo un yoyo también de madera y una navajita, y a la niña un libro. Cada uno tomó su regalo, contentos se pusieron a revisarlos. La niña se fue al cuarto e inmediatamente comenzó la lectura arrimando hacia su lado la vieja lámpara de querosén, estaba consciente del compromiso que tenía con su madre: leer solo hasta las ocho de la noche y a dormir. El texto era la novela recién escrita por Rómulo Gallegos titulado: “Pobre Negro” (1937). Los libros que consuetudinariamente le traía el padre no venían totalmente gratis, la forma de pago consistía en que ella tenía que leérselos poco a poco todas las noches.

            El periodo juvenil de aquella mujer transcurrió en la convulsionada época cuando ocurrió el mayor desplazamiento de las familias hacia las zonas donde se daban las mejores opciones de trabajo, como eran el estado Zulia y el oriente del país, con la incipiente y bien remunerada industria petrolera. Mucha gente migró hacia esas áreas quedando prácticamente abandonados cientos de caseríos o poblados. Eran zonas plantadas de casas muertas, hecho que luego inspiró a Miguel Otero Silva a escribir su soberbia novela (1955), sobre un poblado de los llanos que fue borrado por los muertos de paludismo y la migración de sus habitantes hacia la capital o zonas petroleras.

            La familia de Elsa, siguiendo lo que hacían la mayoría de las familias de todos estos pueblos, también se desplazó hacia el estado Zulia a finales de la década de los cuarentas. Ella vivió en Maracaibo  donde estudió secretariado comercial, sin abandonar su apego y amor hacia los libros. Aún continuaba devorando todo libro o novela que le pasara por el frente. Había mucho que leer, además de libros que provenían de escritores y editoriales venezolanas, estaban la revistas como Selecciones del Reader's Digest que venía de Cuba. Con la presidencia del General López Contreras se logró más libertad y apertura al acervo cultural, favoreciendo la adquisición de textos de España y el resto de los países latinoamericanos.

          Para Elsa se dió un periodo de declinación literaria, resulta que en el año 1951 la señorita contrae nupcias y a partir de allí tenía poco tiempo para dedicarle a la tan apasionada tarea de leer. Había que atender a los niños, los cuales fueron llegando uno a uno, en fila india, casi uno cada dos años, hasta tener diez. Le continuo un periodo de más calma ya que todos sus hijos estudiaron, se graduaron y se independizaron, este lapso permitió el deleite de otro tipo de escritos. Con la biblia bajo el brazo la lectura se limitó y se hizo más específica hacia el plano religioso.

          La apasionada lectora en sus setentas comenzó a notar que muchos de los escritos y versículos que había subrayado años atrás en la biblia ya no recordaba de cuándo y por qué los había marcado. Era como si leyera por primera vez el párrafo resaltado. Dicen los que saben que a esa edad comienzan a aparecer los episodios de ralentización de nuestros recuerdos y que muchas veces se presenta de facto, lo que se lee hoy mañana se olvida. Elsa Marina “la abuela de libros” sufrió hace cinco años una ACV que aceleró en forma progresiva el Alzheimer que ha mermado su capacidad de retención de la lectura. Esta enfermedad se apoderó totalmente de su conciencia, a tal punto que al tomar un libro para leerlo se queda retenida en la primera línea sin poder salir de ella.

“Cada palabra o frase que se lee, al igual que las ideas, genera en nuestro cerebro un intercambio neuronal que es pura energía. Si la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma, entonces debe haber en alguna parte de la mente de La abuela de libros una acumulación de energía aportada por todos esos libros que leyó en su tiempo y que ahora nos inspiran”


03-01-2021.

Correctora de estilo: Elizabeth Sánchez


Historia escrita en honor a la Señora Elsa Marina Pérez de Sánchez (QEPD). 

domingo, 27 de diciembre de 2020

CONFESIONES DEL VIEJO AÑO 2020

Por Humberto Frontado



            Aquí estoy, después de haber gastado capitulo y medio de los doce que tengo de vida, boca abajo, entubado y conectado a una cantidad de equipos y artilugios médicos, yerto esperando lo peor. Esa posición (Prono) según y que es la más recomendada para lo que tengo, sin embargo, respiro con dificultad a través del aparato autónomo. No tenía la más mínima idea del tiempo que iba a estar en esta incómoda posición, mis carnes flácidas son vestigio claro de todo el peso que he perdido.

           Todo el equipo médico está reunido a mi alrededor hablando y vanagloriándose de lo positivo que había sido el tratamiento colocado, a sabiendas de no haber dado a tiempo con el correcto. Dos enfermeros vestidos como astronautas están haciendo los preparativos para voltearme y quitarme el bendito respirador.

          De un solo sopetón, en una operación rápida me dieron una vuelta como si fuera un pollo televisado, sentí una estridente estrujada en el alma; fue un dolor intenso y lo expresé con un agudo gemido que no conmovió a los insensibles seres vestidos de cloro blanco extra protegidos. Tendido de espalda el galeno de guardia extrajo de mis entrañas una kilométrica manguera a través de la boca. Emití por el destapado conducto un ronquido opaco, que luego vino acompañado de la necesidad de expulsar algo de líquido que salió a cierta presión por la nariz y boca, era una sola llave de salida.

          Me ayudaron a reponerme subiendo la cabecera de la cama. El médico ajustándose la mascarilla y el protector plástico salpicado me dijo con voz de bengay compasivo.

          -  Considera viejo año que después de todo lo padecido has llegado bastante lejos. Hazte cuenta que se te ha dado una nueva oportunidad, has nacido otra vez para lo que te resta de vida.

          Esas ungüentosas palabras revolotearon un buen rato sobre mi mareada cabeza y las escuchaba repitiéndose, como si vinieran de una cinta sinfín de un viejo reproductor de casetes. Hasta que hilvanadas se solidificaron en mi mente haciéndose marco de un solo pensamiento: Mi existencia, que ha de transcurrir en una serie de trescientos sesenta y cinco pasajes, han pasado velozmente sin pena ni gloria. En pocas y secas palabras diré que seré recordado solo por la particular forma de haber reconfigurado la vida de cada uno de los mortales que habitan este mundo.

           Confesar esto, por supuesto, no me exime de mi responsabilidad. Desde el primer día de mi corta existencia he sabido que traigo impregnado en mi piel la acumulación de mugre salitrosa heredada de mis predecesores y así lo continúo otorgando sin compasión. Para completar la desgracia se le añade una pandemia que no se le prevé control. No he sido bendecido con una “caída y mesa limpia” o “borrón y cuenta nueva”. Tengo entendido que así funciona este proceso y soy al igual que ustedes que me acompañan parte de un trayecto que hemos de andar.

           Al inicio de mi etapa me agarró una fastidiosa tos seca, aumento de temperatura e inmediatamente la pérdida del olfato y el gusto iniciando mi calvario de vida; con esos síntomas me diagnosticaron positivo para la Covid-19 y todo cambió. Pase por lo menos por cuatro diferentes tratamientos que no daban pie con bola. Encerrado durante meses en cuarentena permanente, enterándome sobre familiares y amistades desaparecidas, envuelto en incertidumbres y soledad.  Quedé sin pelo, mi larga y frondosa cabellera fue afeitada cuando entré a la UCI y mis dientes y mi tracto digestivo se debilitaron por la gran ingesta de medicamentos.

           He salido de lo peor y, para mal o para bien, considero que los he iniciado en la nueva era covidiana, porque tengo el pálpito de que esto continuará per secula. Veo en ustedes el obstinamiento producto de los imperativos rituales que tienen que consumar diariamente; compra de nuevos e imprevistos insumos, principalmente medicamentosos, formas particulares de sobrellevar la rutina del encierro, casi sin respirar, día a día. Les he dejado el legado de un raro bicho infeccioso microscópico.

           Qué más quisiera yo que librarlos, antes de fenecer, de la presión a la que se han visto sometidas sus pares de orejas con la cinta sujetadora de las mascarillas; de sacarlos de la hibernación alcohólica. Les cambié el olor de su loción preferida por un olor seco de alcohol isopropílico; les establecí una serie de hábitos o rituales que los ayudarán a futuro tales como uso de mascarillas, guantes, lavado de manos, medición de saturación de oxígeno, hacer colas eternas para todo, incluso en las farmacias. Ya no me queda mucho tiempo y el que me queda es para rezar y pedirle al gran arquitecto que interceda por ustedes para que tengan un año nuevo diferente y brinde oportunidad de vivir una vida tranquila sin muchos tropiezos.

           Me pareció ridículo cuando me vi en una imagen compartida en una sesión de Zoom, mientras estaba en la UCI con otros enfermos; hasta se hizo viral en Instagram compitiendo con los chicos de las escuelas que hacen espacio para sus horas de clases en internet desde sus hogares. Me entristece que cuando me muera no habrá velatorio por la pandemia, cremarán mi esquelético cuerpo, las cenizas las llevará un bisicletero “delibery” hasta la empetrolada orilla del lago y la arrojaran a las contaminadas aguas.

             Estoy consciente que pasaré a ser el año más recordado de la historia, no por lo bueno sino por lo desastroso. El año que represento lo recordaran como sinónimo de retraso, adaptación, emergencia, dolor y desafío. Me considero el peor para el que hoy esté con vida: pandemia, promesas de nuevas guerras, incendios catastróficos, explosiones, y un largo etcétera.

            Con el pretexto de la pandemia que paralizó al mundo muchos aprovecharon para despilfarrar recursos, y la corrupción galopó a rienda suelta hasta el cansancio. Viejo y desvencijado confieso que, ante la crisis, les di oportunidad de que se reinventaran, de que hicieran sus vidas un baluarte, valoraran las pequeñas cosas, encontraran áreas de oportunidades inimaginables, también de hacer un excelente y verdadero entorno familiar que es la base del crecimiento y desarrollo. Les di la oportunidad de poner más atención en sus hijos y que entendieran que educarlos no es solo responsabilidad de los maestros.

          En mis últimos días, sabiendo que los tengo contados, todavía sigo con el tratamiento; tomo mis pastillas y los odiosos pufs. Cansado de los ejercicios respiratorios ayer contemplé apenado y casi llorando las manecillas de un viejo reloj de pared que marcaban el rápido paso indubitable de mis horas. Me llamaran despectivamente “el año de la peste”, “quédate en casa” o “mantén la distancia”. Los invito a mi velorio; con el problema de la gasolina no voy a usar carroza fúnebre, vendrán a cargarme los seis negritos de Ghana (África), los llamados ” Pallbearers” con su oscuro esmoquin. Estoy ansioso de introducirme en el ataúd, contagiarme de la pegajosa coreografía al son de la melodía de Astronomía y olvidarme de esta pastosa pesadilla.

           Falta poco para exhalar e incorporar mi último aliento a esta rancia atmósfera contaminada y sin dolientes. Hasta ahora no he podido ver de cerca ni la chiva, ni la burra negra, ni la yegua blanca que tengo pendiente para dejarle a los esperanzados, a los que creían en mí. He sido atípico, difícil, sui generis, pero aun así he sido idílico presagiándoles lo que ocurrirá en el año veintiuno aún vacunándose. Me despediré comiendo las doce uvas y escuchando la vieja canción de Alfredo Sadel de fin de año: “faltan cinco pá las doce, el año va terminar…”. Así que me voy reconociendo que no he sido el mejor pero les dejo algunos momentos lindos ¡Feliz año 2021!

 

                                       Venezuela, Cabimas, 26-12-2020 

sábado, 19 de diciembre de 2020

EL NIÑO JESÚS vs SAN NICOLÁS

 Por Humberto Frontado


             – ¡hey!  … ¿ya ustedes le escribieron la carta al niño Jesús? – le pregunta preocupada la madre a sus tres hijos – ya falta una semana para el veinticuatro y él no va a saber qué le va a traer a cada uno de ustedes - remató la mujer con un gesto de fingida angustia en su rostro.

          Los tres chicos se miraron buscando una explicación a lo que su madre les había cuestionado. El mayor ya de nueve años tomó la delantera y les pidió a los otros dos, el segundo de siete años y el tercero de apenas seis añitos, buscaran unas hojas de sus cuadernos y un lápiz para redactar las misivas. Raudos salieron a buscar el material que necesitaban en los útiles escolares que estaban vacacionando sobre la mesa de tareas. Le arrancaron las hojas necesarias al cuaderno y regresaron a la sala donde los esperaba su hermano. Bajo el dictado del mayor comenzaron a escribir las cartas.

           -         Querido niño Jesús, la carta es para pedirte me traigas de regalo…

          El más pequeño contaba todavía con la ayuda de su hermano, para no cometer errores ortográficos, cosa que le molestaba al niño Jesús y podía tomar represalias. Terminados los requerimientos escritos, doblaron las hojas, las colocaron dentro de los zapatos y los dejaron debajo de la cama.

          Al día siguiente notaron que las cartas habían sido recogidas. A partir de allí comenzaron una serie de conjeturas a revolotearles las cabezas, buscando hallarle sentido a lo que había sucedido. Alguien tomó las cartas y se las llevó se preguntaban. El más pequeño le dijo emocionado a su madre.

          -         ¡Mamá!... el niño Jesús vino y se llevó las cartas.

         -         ¡Que bueno!… ahora hay que esperar hasta el veinticuatro en la noche para que traiga los regalos.

          Para esa época era sencillo para el niño Jesús cumplir con los requerimientos, no había mucho en la lista de pedidos; para los chicos un par de pistolas de plástico para vaqueros, una pistola de fulminantes y un carrito chocón de baterías última invención tecnológica; para las chicas una muñeca rubia con su vestidito, el famoso bebe querido y una minivajilla de porcelana para el té.

          El día veinticuatro los padres mandaban a dormir temprano a los hijos para que el niño dios trajera rápido los juguetes, también era la excusa para seguir tomando sus tragos sin estar pendientes de los muchachos. Al otro día en la mañana, el espectáculo indescriptible de alegría y emoción al encontrar, en la mayoría de los casos, debajo de la cama lo solicitado. Y cuando se encontraba una cosa diferente a lo que se había pedido la madre abogando por Jesús encontraba las mil y una excusas salvadoras. Aunque había una sutil extorsión cuando se decía que al niño que se portara mal el niño no le traería nada, pero ese día era de indulgencia de pecados, todos recibían sus regalos.

           A medida que fueron pasando los años en cada navidad se agudizaba la búsqueda de la respuesta al misterioso visitante, se tejían estrategias para descubrir su sigilosa entrada sin ningún éxito. Se acostaban con un ojo entreabierto para verlo. El tiempo con su connotada paciencia y decoro fue quitando poco a poco el velo mágico que cubría aquel bello enigma. Y lo más reconfortante era que había cierto respeto y consideración para los que venían atrás. Había como un compromiso o juramento de lealtad para guardar el secreto ante el hermano menor. Así se continuaba con mucha ternura la historia para que los pequeños mantuvieran la ilusión.  Son muchas las reacciones que podían tomar los niños al enterarse de la verdad del misterioso visitante, entre ellas estaban desde la desilusión hasta aceptar el hecho con total normalidad.

           Ahora todo ha cambiado de tal manera que en las últimas décadas el bendito comercio como una imperiosa religión esgrimió su doctrina de consumo e hizo cambiar el sentido de esta bella fecha festiva. La navidad se ha ido descristianizando poco a poco, manteniendo la festividad, pero desligándola de su verdadero origen y razón. Actualmente la navidad gira en torno a las luminosas y exuberantes decoraciones, los grandes viajes de reunión familiar, la pomposa cena, la ropa y los regalos bajo el decorado árbol siguiendo la moda, todo esto asociado a un señor gordo bonachón de barbas blancas y traje rojo, popularizado por una reconocida marca de refrescos mundial, llamado San Nicolás o en su defecto Santa Claus o Papá Noel, con sus nueve renos inseparables que llevan los regalos en el trineo por todo el mundo. Los centros comerciales y supermercados en estas fechas están cada vez más llenos, y las iglesias cada vez más vacías, pues las compras son ahora la mayor actividad de la Navidad.               

           La publicidad con una de sus mejores estrategias de venta, basada en la lógica de el amor se demuestra comprándole cosas al niño” adoctrinan a los chiquillos y los pobres padres, los que pueden, caen en el viejo truco y ceden a sus caprichos. Los que no pueden hacen malabares brincando de un lado a otro para obtener algo que demuestre el amor hacia sus querubines, a sabiendas que será mal considerado per secula.

          Hoy en el mundo la navidad es en verdad la festividad de las discrepancias, como también lo es nuestra sociedad, coexisten en ella lo divino con lo terrenal, lo religioso con lo pagano, el regocijo con la tristeza, el consumismo con la caridad, estar juntos y recordar a los que se fueron y a la familia.

          Líneas atrás nos referimos sobre la navidad mundial y no la nuestra, la venezolana, donde el niño Jesús era la súper estrella, ahora aparece tímidamente en algunos lugares sin hacer mucho aspaviento. Igualmente, San Nicolás que antes se lo pasaba en los centros comerciales abrazando niños y recibiendo sus solicitudes de regalo ahora se ve apocado, sus apariciones son pírricas; hay quienes dicen que las alcabalas móviles de la guardia nacional y su matraqueo acabaron con las buenas intenciones del norteño visitante, prácticamente nos sacó de su ruta. Los renos también se declararon en huelga porque le cambiaron la balanceada “renarina” por arroz con lentejas del clap.

          Todavía nos queda un resquicio. Quién en estos días no se ha emocionado o sonreído al ver a sus hijos, sobrinos o nietos en el tierno ritual de escribir la carta al niño Jesús, San Nicolás o Papá Noel, donde además de pedir sus regalos se comulgan y confiesan que han sido unos niños de bien. A pesar de la situación que atraviesa nuestro país es difícil encontrar a alguien que quiera dejar a sus pequeños sin el rito de abrir sus regalos y de contagiarse con el espíritu navideño. Lo que sí está claro es que hoy debido al confinamiento al que estamos sometidos, haciendo a un lado el de la pandemia por la Covid-19, ya la gente no habla de la Navidad de todos, sino de la Navidad particular, la de cada uno. Aquella celebración que representaba un momento de recogimiento, donde todos se reunían en torno a la mesa familiar, quedó en el pasado; la diferencia de credo diezmó nuestra tradición.

            Hace años ningún local nocturno, centro comercial o negocio, a menos que fueran las ventas de licor, abría esa noche; toda la gente se encontraba en compañía de los suyos. En parte las creencias y los ritos religiosos marcaban el paso de estas festividades. Viéndolo bien, eso es lo que queda cuando perdemos la identidad de nuestras costumbres y adoptamos las de otras latitudes.

           El niño Jesús en verdad no lo ayuda mucho el estar exento de una buena agencia de publicidad y de comunicación como la tienen San Nicolás, Santa Claus y Papá Noel.  Gracias a que Santa vive en los grandes centros comerciales, el mensaje de espiritualidad del Niño en el más amplio sentido de la compasión, el perdón y la gratitud, por carambola sigue intacto y puede vivir en los hogares y dentro de cada uno de nosotros.

            La ventaja que tiene Santa Claus frente a Chuchito es que su perfil está hecho a la medida de lo que demandan las redes sociales, videos jocosos que acaparan las visitas y los likes, sus colores llamativos. Por otro lado, el no tener una connotación religiosa (como su opositor), puede ser libremente usado comercialmente sin ningún recato. Es más, el Papá Noel que se conoce hoy en día no es producto de la leyenda de San Nicolás (un abnegado obispo cristiano de origen griego), sino de los publicitas de Coca-Cola, que en 1931 lanzaron una campaña navideña que giraba en torno a la figura de Santa Claus, al cual le hicieron un cambalache con su imagen y lo vistieron con los colores de la empresa (blanco y rojo).

          En otras palabras, el poder comercial venció a la iglesia y esta tuvo que declararse en retirada y guardar hasta ahora silencio. La alteración de los roles de Santa Claus (Papá Noel) versus niño Dios quedó sellada. Hemos pasado de la oración a Dios a la carta para pedir cosas. Una muestra más de lo dinámicas que son las creencias y costumbres, y cómo influyen en nuestros mitos y cultos.

 

Venezuela, Cabimas, 19-12-2020.


Corrector de estilo: Elizabeth Sánchez


domingo, 13 de diciembre de 2020

LA ELEFANTA ROSA

Por Humberto Frontado



          Muy temprano en la mañana, aprovechando los primeros rayos del impertinente sol, papá elefante decide con mamá elefanta salir a comer los brotes frescos de la maleza antes de que otros animales lo hagan. Se dirigieron a la habitación de su hija Rosa y se percataron que aún estaba dormida envuelta en las sabanas, roncando como una lirona. Se extrañaron que eso ocurriera ya que ella era muy madrugadora, así que decidieron despertarla.

          Notaron que sus ojos no se abrían del todo y cuando trató de parase de la cama se tambaleo y si no es por su papá, que le echó garra por el cuello, se desploma en el suelo. Trató de pararse y se tambaleaba toda. La llevaron como pudieron a la cocina para verla y asistirla mejor.

            Los padres de la joven se preocuparon y pensaron que algo le estaba sucediendo a la elefantita y la tenían que llevar al curandero de la comarca. Llegaron hasta que el faculto conejo, quien de inmediato la auscultó.

          Después de un buen rato observando al paciente el practicante, masticando una larga zanahoria deshidratada, les dijo a los preocupados padres.

               -         Señores, esta niña lo que tiene … es que está súper drogada.

           -     ¿Pero cómo? … ¿cómo va a ser posible eso doctor? – exclamaron al unísono el par de paquidermos.

           -      Tenemos que averiguar qué fue lo que sucedió – expresa la mamá elefante más calmada y abrazando a su hija.

          Ya más serenados en su casa, la familia elefante se reunió en la sala. El padre buscando las palabras más adecuadas para no incomodar a la niña y lograr que confesara todo, le preguntó.

                -         ¡Mija! …¿qué te pasó?…¿por qué te drogastes?

          -        ¡Pá! ...fue sin querer – contestó apenada y bajando la cabeza la atribulada criatura continúo contando - yo venía caminando de regreso por el bosque y de pronto me encontré en un área despejada donde había unas hermosas y suculentas plantas de grandes hojas aserradas y comencé desaforada a comerlas, a medida que comía más ganas me daba de seguir comiendo. Después de una hora y media comiendo vi que se hacía hecho tarde y regresé apurada a casa. Caminando hacia acá me sentía mareada y empecé a ver las cosas con otros colores, las plantas cambiaron de verde a morado, todo mi cuerpo lo veía rosado, el cielo era verde con nubes floreadas y el ocaso parecía una acuarela de diferentes colores. Vi al resto de los animales con colores fosforescentes y me asusté toda. Al llegar a casa me metí a la cama y la cabeza me daba muchas vueltas. Caí en un sueño muy profundo, yo creo que me intoxiqué cuando comí esas matas que encontré en el camino.

          -         Hay que hacer algo, vamos a hablar con el viejo Tigre que es la autoridad por aquí – exclamó el elefante algo confundido.

          Al día siguiente papá elefante se levantó muy temprano ya que no pudo conciliar el sueño, preocupado por lo que le había sucedido a su pequeña beba. Así que se fue a consultar el leguleyo Tío Tigre, como le decían sus partidarios y logró persuadirlo de ir a visitar el sitio donde se encontraban las misteriosas plantas. Estuvieron inspeccionando por varias horas la zona donde había estado la elefantita. Efectivamente observaron parte de los arbustos arrancados y una buena parte pisoteada como si hubiesen danzado sobre ellas. El tigre tomó una muestra de las plantas para analizarlas.

            Los dos animales regresaron al pueblo y convocaron a toda la comarca de animales a un conclave donde tratarían el caso para tomar una decisión. Dos días después estaban todos los animales reunidos en una gran planicie. El tigre tomó la palabra y se dirigió a los presentes participándole lo sucedido. La rancia gacela habló de lo dañino que era para la salud el consumo de ese tipo de plantas. Doña jirafa habló de demarcar la zona y prohibir el paso hacia ella. Mamá elefanta propuso arrancar todas las plantas para evitar se propagarán. Además de todas las propuestas se escucharon otras fuera de la lógica animal.

           Se oyó una voz temblorosa a lo lejos, era la tímida y asustadiza cebra, diciendo.

             -         Lo único que podemos hacer es sembrar tantas matas de esas como sea posible. Que se esparzan por todo el territorio como monte y que los animales que la coman sean conscientes y responsables con su salud. Si se encuentra en todas partes nadie la buscaría ansiosa para consumirla.

           De lo alto de una frondosa ceiba una vieja lechuza blanca veía con cautela la participación del conclave. En un impulso se dejó caer en picada para extender sus alas y posarse en una de las ramas más bajas. Todo ese abrupto desplazamiento llamó la atención de los presentes, cosa que aprovecho la remota emplumada para decirles.   

             -         ¡Disculpen! …déjenme contarles algo que los viejos ancestros me han dejado en relatos de eventos similares relacionados con las drogas. Sucedió hace muchos siglos atrás específicamente con los herederos de los antiguos simios. Ellos estuvieron bregando más de tres mil años para controlar luego erradicar su consumo y no pudieron.

            -         ¡Eso es cierto! – exclamó el viejo morrocoy – mi trastarabuelo me contó una vez que los homos sapiens, como le llamaban, crearon una dependencia justificada hacia el uso indiscriminado de la droga logrando que su demanda estuviese muy por encima de su producción. Muchas regiones lograron descomunal poder económico explotando este rubro libremente. Luego fue lamentable que éste y otros conflictos, como las pandemias bacteriológicas los borró de la faz de la tierra.

          La gran serpiente atada a uno de los altos arboles cercano se fue desenrollando parsimoniosa mientras decía.

            -         Nosotros los animales estamos lejos de lo que sucedió hace siglos atrás, cuando nuestros ancestros animales evolucionaron en busca de la razón absoluta. Se cuenta que esa razón buscada representaba la capacidad de encontrar los medios eficaces para lograr los fines propuestos.

          La vieja hiena que estaba agazapada entre los matorrales soltando una estruendosa risa hizo su aparición diciendo.

              -         Por supuesto que esa razón no se distancia mucho de la que tenemos nosotros en este momento, buscamos nuestras propias razones y desarrollamos estrategias inteligentes para conservar nuestras vidas y reproducirnos. Eso no implica que somos menos inteligentes, solo que no buscamos cosas que no vamos a necesitar, lo nuestro es alcanzar lo imprescindible para vivir sin buscar mayores complicaciones.

           -         ¡He allí el dilema! – rugió el viejo león sacudiendo su desvencijada melena y continuó diciendo - los homos sapiens perecieron porque torcieron el camino. Ellos llevaron disque su raciocinio, no al servicio de procurarse lo que necesitaban sino para buscar o inventarse nuevas necesidades día a día.

            -         Recordemos entonces que … – tomó nuevamente la palabra la anciana víbora ya en el suelo - nuestra inteligencia al servicio de nuestros instintos funciona con gran eficacia y nunca buscamos inventar nada nuevo. Solo satisfacemos la pauta instintiva elemental y nada más. Los monos pensantes se empeñaron en aprender casi todo sin saber casi nada cuando nacieron, mientras que nosotros, los sin razón, nacimos sabiendo mucho más de lo que aprenderemos en nuestras vidas. Conocer nuestra naturaleza o nuestra relación con la naturaleza nos puede orientar siempre respecto a cómo actuar y cómo emplear conscientemente nuestra libertad, este es un momento propicio para llevarlo a cabo. Nada de lo que hagamos puede estar en contra de la naturaleza ni destruirla o perjudicarla y según los viejos sabios eso fue lo que predomino en la sociedad de los sapiens.

          La añeja lechuza sacudió sus alas con un movimiento que llevaba implícito el mensaje de ponerle coto al tema traído a la reunión y todos lo entendieron, terminó diciendo.

         -         Por el momento debemos quedarnos quietos y dejar que todo siga andando. Lo ocurrido fue un evento fortuito sin nada que lamentar. No cometamos errores que otras especies, creyéndose inmortales, cometieron. El funcionamiento general de la naturaleza está regido por la más estricta neutralidad e indiferencia. Ella no tiene preferencias entre los seres, destruye y emprende con perfecta imparcialidad y no parece mostrar ningún respeto especial por sus propias obras.

 

Venezuela, Cabimas, 13-12-2020.

sábado, 5 de diciembre de 2020

MACOCHEONDO

Por Humberto Frontado



          Sentado en uno de los pollitos de cemento del portal de la casa de su abuela un niño estaba concentrado viendo los serpenteantes meandros, cascadas y turbulencias que producía la larga hebra de agua que corría rauda por todo el centro del camino de tierra hasta desembocar en la playa del bajo. La impertinente lluvia desgastaba el alma, ya llevaba casi cuatro días corridos cayendo sin compasión. El cándido estaba neutralizado por el sinuoso arrullo en profundo Do menor sostenido que emitía aquel pertinaz aguacero.

          Todo eso sucedía en la mística Isla de Coche un pegajoso agosto de extremo calor, que si no es por la visita inesperada y atravesada de aquel diluvio los cerros se hubiesen muerto de inanición. La primera agua que cayó se volvió vapor luego de ser chupada por las sedientas grietas cutánea de los secos montículos, dando origen a un bosque extendido de pequeñas fumarolas por toda la isla.

          Ese chico de la lluvia diez años después logró extrapolar su sitio natal a Lagunillas, Estado Zulia. Esto lo hizo en toda su extensión y esplendor a través de la lectura del mundo de realidad mágica del insigne escritor colombiano Gabriel García Márquez. Pareciera que la mente del Gabo se trasladaba a cada uno de nuestros pueblos y hurgando en su esencia nos lo presentó en su espectacular novela.

           Esa misma vía principal aún de tierra la vería más tarde atravesada por un torrente líquido ahora distinto, ésta vez más espeso y de un color rojo purpura. Era la sangre que manaba a borbotones del pecho de un intrépido soldado que había sido fusilado un aciago día en un lejano e imaginario pueblo llamado Macondo. El nombre del ajusticiado era Aureliano Buendía y todo ocurrió justo cuando se acordó de su padre mostrándole el hielo.

          Valle Seco es un acogedor pueblo de la isla y es subsidiario de Macondo. Para ese momento trasmutado tenía casi las mismas características que el naciente territorio mágico. Las casas se habían construido de caña y barro; solo le faltaba el rio, pero contaba con una quebrada que en tiempo de lluvia llenaba el pozo de su tía Chica. En ese escenario seco y salitroso el joven lector recorrió con el viejo Melquiades, hoja a hoja, un siglo de la estirpe Buendía condenada desde el principio de los tiempos, saltando entre mitos, viendo la muerte insólita y repetible, retrotrayéndose en el tiempo hasta llegar al flagelo de la soledad.

          Mientras leía veía la casa de su abuela, en toda su estructura, dándole cobijo a la joven pareja de José Arcadio y Úrsula Iguarán en todo el recorrido literario; por cierto, José tenía un parecido a su viejo abuelo y Úrsula a su abuela. Los muebles, comedor, camas distribuidos en la casa de los Buendía asimismo estaban en esa casa levantada con tanto sacrificio. Mucho de los cíclicos personajes de Cien Años de Soledad estaban escondidos en cada una de las familias vallesequeras.

           Es increíble como la mente humana busca, en el caso de la lectura, la manera de adaptarse imaginariamente a un escenario o un lugar, con el objeto de facilitarla o hacerla más grata. Así como la mente busca crear o renovar una escena olvidada sobre un evento y hacer creer al consciente que fue así, así también lo hace con la lectura. Quien lee no le queda más remedio que darle libertad a la mente para que encuentre el mejor ambiente.

           Por ejemplo, en el mundo real y mágico de Macondo le encontramos explicación a las cosas como son, hasta hacerlas verdaderas porque son referidas a una realidad. Cada descendiente de la estirpe actuó en un trayecto de tiempo en Macondo y allí están para demostrar que son reales e imborrables. Por eso las leyendas y supersticiones pasan a ser parte de los pueblos que lo refieren. Así como es real Macondo también lo es en nuestra mente cada escena llevada a un plano comprometido con nuestro inconsciente.

            En la vieja casa de su abuela, con las paredes pintadas de blanco, el joven logró ver en uno de los cuartos las costras de cal desprendidas que en un tiempo fueron desgarradas por las uñas de una pequeña adicta a comerlas. También está clara la impetuosa escena cuando las hormigas, en una esquina del patio, arrastraban el cadáver del niño de Amaranta y Aureliano hacia su madriguera para comérselo. Al otro lado debajo del árbol de uva de playa, cerca del pozo séptico, estaba atado su abuelo; el primer hombre de la estirpe, tal como lo predijo el eterno Melquiades.

          Es fascinante como Gabriel movía su narración por la variadísima cantidad de mitos, se ve una correspondencia surrealista, sus fabulas y anécdotas que por ser o suceder nos parecen reales o ciertas y más aún cuando las llevamos a un plano o escenario conocido o familiar. Había que imaginarlo todo sin poner en duda en ningún momento lo que se estaba imaginando su lenguaje maravilloso y descriptivo creado bajo la influencia del modelo de habla popular que conlleva la realidad de la imaginación.

          La circunscripción de los relatos e historias de cada uno de los personajes permite limitar y acoger todo este laberinto de linaje en un sinigual recinto estructurado. La imaginación no tiene límites y lo indescriptible se intercepta a cada momento del relato. Si en macondo todo es posible entonces todo será posible en nuestra mente así sean expresiones surrealistas.

           Como dijo Mario Vargas Llosa, que también lo vería en la vieja casa de su abuela, refiriéndose a Gabriel: “su cabalgata por los reinos del delirio, la alucinación y lo insólito no lo llevan a construir castillos en el aire, espejismos sin raíces. La grandeza mayor de su libro reside, justamente, en el hecho de que todo en él – las acciones y los escenarios, los símbolos, las visiones y las hechicerías, los presagios y los mitos – están profundamente anclado en las realidades de América Latina, se nutre de ellas, y, transfigurándola, la refleja de manera certera e implacable”

             Al encontrar acomodo en la narrativa mágica-realista del Gabo y familiarizarnos con su mitos e historias vemos que nos lleva a absorber la esencia de los hechos que han moldeado la razón de ser de toda Latinoamérica. Los incontables mitos esparcidos por toda la novela no tienen parangón, están a la misma medida de todos nuestros fábulas y relatos que nos albergan y se han apoderado de nosotros desde siempre y son más excitantes aun cuando estamos próximo a cumplir los ansiados y casi nunca alcanzado cien años.

           Los mitos dicen que se convierte en historia, quedan a través de ésta inscrita en el tuétano del alma, al final terminan por significar todo lo que no puede existir en la irresoluta realidad, o sea, que resulta ser también verdad verdadera. Con sarcasmo y todo tipo de condimento aceptamos los precedentes y hasta muy lejanos mitos del Gabo, logrando hacerlos tradición y originalidad. Nosotros los tomamos a sorbos y lo vamos adornando aún más, mientras los leemos, con todo lo que tenemos a mano en nuestra imaginación.

           El Gabo fue capaz de transferir los atributos de su Macondo a todos los lugares que hemos habitado y nos han servido para asentar placenteros recuerdos y presencia. Los caminos todavía sin pavimentar sirvieron de norte a Francisco El Hombre para llevar a cada pueblo la información y relatos que iban fortaleciendo las creencias y seguridad ante el azote de tantas dudas traídas por inciertos vientos siderales. Cada pueblo nuestro igual tenía un particular Francisco que se encargaba de contar lo que sucedía en otras latitudes.

            Se dice que los mitos nacieron de lo que escapaba a la interpretación: los misterios de la vida. El lenguaje se veía desprovisto de expresiones para revelarlos y aclararlos. Fueron entonces estos noveles escritores quienes encontraron la piedra filosofal que hizo a los mitos maleables y que pudieran acoplarse a un entendimiento claro y acertado. Que nadie ose poner en duda lo que en ellas se cuente, ya que son historias sagradas y verdaderas.

           Aunque el chico conocía el hielo que se hacía en la nevera a querosén que había en casa de su padre, no dejó de asombrarse al ver aquella panela de hielo cristalino que parecía un diamante cortado en perfecta simetría que destilaba infinitos rayos de luces de todos colores por toda la carpa del viejo Melquiades alias Lolo, que lo vi vivir doscientos años y también lo vi morir dos veces.

           La redondez del tiempo envolvió a su Pilar ternera mujer lúbrica de arrebatadora presencia y sensualidad que cumplió ciento cuarenta y cinco años y tuvo que renunciar a la perniciosa costumbre de estar pendiente de su cumpleaños debido a lo estático y marginal que vivía su tiempo. También el joven se vió atraído cada noche por su esplendor; ella poseyó la virtud de convertirse en una obsesión para los hombres como ocurrió con José Arcadio y su hermano Aureliano. Le sintió y entristeció su sublime despedida, sentada en su mecedora de bejucos en la calma absoluta de su siesta.

           Los vientos arremolinados por siglos han atrapado en una eterna cuaresma mítica a Coche, también lo hicieron con mi Macondo, es el mismo polvo y escombros centrifugados por el cólera del huracán bíblico.

 

Venezuela, Cabimas, 05-12-2020

        

Resumen de la ultima entrega

MENTE CAPTUS

  Por Humberto Frontado        Una distintiva especie que por años se ha reproducido desaforada, rompiendo todos los estándares.  ...