domingo, 21 de febrero de 2021

LA SUBLIME EMOCIÓN

 INTROITOS MENTALES (II)

Por Humberto Frontado



          Hablemos de una verdadera emoción, desprejuiciada, nacida de la simpleza que hay en ti. Desprendida de tanta polvareda sideral. Echemos de su lado:

          -         Los cánones y designios religiosos que establecieron como virtud el controlar las pasiones y los deseos.

            -         Las imposiciones culturales que han contemplado las emociones como algo peligroso, incontrolado y fuera de razón.

           -         Los compromisos éticos y morales impuestos imperativamente por una recalcitrante y absurda sociedad.

          Según el diccionario:

Sublime (Del lat. sublimis, muy alto.)

1. adj. Que tiene una gran belleza o calidad; obra sublime; música sublime; excelente, extraordinario.

2. Que es noble u honrado; emoción sublime; acto sublime.

3. Que realiza obras de gran calidad; músico sublime, pintor sublime; eminente.

Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.

            Una emoción plena es la que permite memorizar un evento, en el que se recordará luego lo significativo y olvidará lo superfluo; cada vez que se recuerde ese acontecimiento lo viviremos de nuevo. Esta definición simple, de lo que es una emoción, no está tan remota de las tantas que han expuesto viejos filósofos y pensadores en la historia.  Son tantas las cosas banales que nos atribulan que no tenemos tiempo de prestarle atención a las que sazonan nuestros mejores momentos de contemplación.

           No cabe dudas que nuestra sociedad nos ha llevado a perder el verdadero valor de las emociones. Nos hizo cambiar su profundo significado por unas simples satisfacciones o antojos. Las diferentes sensaciones de contento o disgusto descansan, no tanto sobre la condición de las cosas externas que las suscitan, como sobre la sensibilidad peculiar a cada hombre para ser grata e ingratamente impresionado por ellas.

            De ahí proviene que algunos sientan placer con lo que a otros produce asco; de ahí la enamorada pasión, que es a menudo para los demás un enigma, y la viva repugnancia sentida por éste hacia lo que para aquél deja por completo indiferente.  Una emoción sublime domina el sentido de vida de los triunfadores, algo les dice al oído que se merecen todo el éxito del mundo, pues su talento y voluntad personal lo requirieren.

             Pseudo-Longino, filósofo autor del pequeño tratado “Sobre lo sublime”, profesor de retórica o crítico literario de cierta tendencia neoplatónica (pudo haber vivido entre el siglo I y el siglo III), sostenía que había “en el hombre una disposición natural hacia lo grande”. Interpretado como una emoción, “lo sublime es la capacidad de elegir siempre los elementos más importantes y reunirlos en un sólo cuerpo”.

            De aquí se desprenden los elementos que determinan lo sublime, que parten de la potencia expresiva como fundamento; luego, la capacidad de concebir grandes pensamientos y la emoción apasionada y entusiasta corresponden a cualidades innatas en el poeta, mientras que las figuras y la expresión distinguida se pueden adquirir por medio del arte.

           Lo sublime busca en la lectura que el lector (u oyente) disponga su alma a la grandeza después de leído el pasaje y que deje a su pensamiento meditando en algo más allá de lo dicho. Porque sentirnos paralíticos o impedidos de expresar que hemos contemplado y sentido lo sublime con aquello que nos complace a todos y en todos los tiempos, puede ser coincidencia común en personas distintas.

          Es posible que la naturaleza ante su imponente majestuosidad e infinita belleza sólo nos permite describirla a medias, usando nuestro limitado lenguaje todavía humano, muy distante de lo divino. Para nosotros llegar a alcanzar dimensiones sublimes de expresión hemos de cohibirnos de ataduras prejuiciosas y alcanzar sentimientos comunes en la pureza de la naturaleza, quizás así logremos una condición artística más objetiva en la concepción de la belleza.

 

Venezuela, Cabimas, 05-02-2021

domingo, 14 de febrero de 2021

REFRANZUELA

 Por Humberto Frontado



             -         ¡Bendición! – saluda el niño a su madre pidiendo consagración.

           -         ¡Dios te bendiga mijo! – contestó la madre desde la cocina.

           -         ¿y papá, se fue temprano? – preguntó el joven extrañado.

           -         Sí, allí salió el pobre nuevamente a hacer la cola en el banco.

           -         ¿Y qué tanto hace papá en el banco?

           -         Mijo… no es para menos… él está preocupado porque nadie sabe lo que va a pasar con sus prestaciones.  Va allí a ver qué le dicen sobre el dinero que le tienen retenido desde que intervinieron el banco. Ayer salió una foto en la primera página del periódico titulada: “¿Dónde están mis reales? En ella aparecen los clientes mostrando sus libretas ante la cámara.

          Esa curiosa conversación se llevó a cabo hace treinta y ochos años en un rico y productivo país de Latinoamérica, donde estaba por darse un sorprendente fenómeno que lo marcaría para siempre.  El país era poderoso económicamente, ya que se situaba entre los mayores productores de petróleo a nivel mundial.

         Ese liderazgo lo mantuvo durante muchos años y era la envidia de sus vecinos latinos. Lamentablemente comenzó a salir a flote un cúmulo de deficiencias, debido a los malos manejos de sus riquezas por parte de sus gobernantes; según los expertos, venía arrastrándose desde mucho tiempo atrás. Aquella bonanza de la que presumían sus habitantes se fue al traste; se acabó el privilegio de viajar a cualquier país con el soporte de la moneda nacional y cambiarlo por la divisa local; se podía ir de Shopping” un fin de semana, era la época del “tá barato dame dos”.

           La debacle sobrevino justamente durante el período presidencial (marzo 1979 - febrero 1984) ejercido por un carismático señor gordo, de espíritu llanero y querendón que le gustaba hablar haciendo alarde de sus ocurrentes dichos y refranes. Desde el mismo día de su juramentación sorprendió a propios y extraños con su sincero discurso, donde declaró abiertamente haber recibido “un país hipotecado”

           El día viernes 18 de febrero del año 1983, durante su cuarto año de gestión, este rechoncho personaje agobiado por los problemas hizo aparición ante su tranquila y apaciguada audiencia del aquel tan maravilloso país. Frente a las cámaras de la televisora nacional, con un rostro sudoroso por el nerviosismo, comenzó a hablar. Brotó de sus labios, adornado por un grueso bigote negro canoso, un certero mascullo.

            -         Pueblo mío “a ponerse las alpargatas porque lo que viene es joropo parejo”.

          Después de esas alarmantes palabras el cielo se fue oscureciendo y la gente comenzó a inquietarse, esperando explicación sobre aquella fatídica expresión. La mayoría de las personas inocentes pensaban que era otra expresión jocosa del presidente, pero los más allegados a las instituciones del gobierno sospechaban algo y se decían entre ellos “nos agarraron con los pantalones abajo”.

            Ese día se llamó “el viernes negro” y fue el momento en el que la sólida moneda del país se precipitó abruptamente al suelo devaluándose ante el dólar gringo, éste evento marcó un hito que cambio la historia de su economía. Desde ese momento la devaluación fue constante acelerando el deterioro del poder adquisitivo del pueblo. Se establecieron una serie de medidas entre las que se destacan la implantación de un régimen cambiario diferencial. El modelo económico, basado en la Industrialización por sustitución de Importaciones y específicamente en la renta petrolera como principal ingreso de la economía, empieza a mostrar signos de agotamiento.

             El presidente continuó hablando emitiendo resoluciones y fórmulas mágicas, dió inicio a lo que consideró la reconquista del país; se extendió con un discurso raro y desesperado donde hilvanaba acompasados refranes y dichos entre sus impetuosas palabras.

               -         “El que no oye consejos no llega a lejos”, las enormes riquezas del país, derivadas de la explotación petrolera, no han sido repartidas justamente y “no hay peor ciego que el que no quiere ver”… Bien nos lo dice el señor invisible con mucho valor humano, que nos ha implorado desde hace tiempo que hay que “sembrar el petróleo” y “tanto a ido el cántaro al agua que al fin se rompió” porque  “Nadie escarmienta en cabeza ajena” … Los anteriores gobiernos han sido conscientes de que no hicieron nada al respecto y sólo se afincaron en “raspar la olla”, “se dió lo que tenía que darse” por eso el que “siembra viento, recoge tempestades”; demostraron que “del dicho al hecho, hay un gran trecho” sólo hicieron “mucho ruido para poquitas nueces”,  nunca  concibieron en sus planes satisfacer las más elementales aspiraciones del pueblo, sólo “mucha pólvora y poca mecha”, incontables se enriquecieron y aprovecharon porque “en río revuelto ganancia de pescadores”…pero “Roma no se hizo en un día” y me ha tocado a mí afrontar el desbocado consumismo, la ostentación de un privilegiado sector de la sociedad… La corrupción y el facilismo ha estado en este país “como Pedro por su casa”… Desde el inicio de la presidencia le dije al director del banco central: ustedes “son más duro que sancocho de pato”, la situación en el país está peliaguda y “hay que matar la culebra por la cabeza”, él me dijo casi riendo “¿Vas a seguir, Abigaíl?”, ve que “Chivo que se devuelve se desnuca”; y seguimos adelante “arrastrando la arruga” y considerando que “Más vale malo conocido, que bueno por conocer” …  “Quién busca, encuentra” y pensé por momentos que nos íbamos a “quedar sin el chivo y sin el mecate” y que a mí como “a cada cochino me estaba llegando mi sábado”, iba a pasar a la historia como un vil irresponsable…también días atrás el ministro de finanzas me dijo que "en guerra avisada no mataba soldado” y que “la cabra siempre tiraba pál monte” refiriéndose a los banqueros y pedía que los considerara; yo le dije “amigo reconciliado, enemigo agazapado” ... “Piensa mal y acertarás” “la caída en cayapa” contra las divisas fue atroz al punto de permitir a los ciudadanos cambiar sólo hasta quinientos dólares, muchos decían “a caballo regalado no le mires los dientes”… La implementación del régimen cambiario también lo advertí catastrófico “no por mucho madrugar íbamos a amanecer más temprano, vi que “La mona, aunque se vistiese de seda, mona se queda”, por más que maquilláramos la situación la gente se estaba dando cuenta… El gran secretario de mi partido me crítico y le dije “tarde piaste, pajarito”. A partir de allí decidí que hay que tener más paciencia porque, “Poco a poco se anda lejos”… Desde el primer momento que tomé el coroto presidencial sabía que “estaba en tres y dos” “como la chiva que pario tres” y me vi “como cucaracha en baile de gallinas”… Los de oposición y del mismo partido “estaban como caimán en boca de caño” criticando mi gestión.  No les paré mucho porque yo sabía que “el diablo sabe más por viejo que por diablo” y que yo aunque “estaba bailando sobre un tusero con mis alpargatas nuevas” saldría adelante… No era momento de “montarme en una cacería de brujas” y “gastar pólvora en zamuro”, “Tenía el juego trancado” y algunos de los ministros que me acompañan “ni lavaban ni prestaban la batea”. Mis compañeros del partido resultaron todos “unos jala mecate” y séquitos del secretario, demostraron ser”de tal palo, tal astilla”, más aún como “hijos de gato, cazando ratón”… Los banqueros huyeron del país con los bolsillos repletos y los que se quedaron “agarraron, aunque fuese fallo. Había un rumor que se escuchaba por todos lados de que se iba a devaluar la moneda y “cuando el río suena, es porque piedras trae”… “A palabras necias, oídos sordos” decían los acreedores del país asegurando que no “estábamos en pico e zamuro” para refinanciar la deuda y yo sé que “antes se coge al mentiroso que al cojo”… En el país, la gente que vislumbraba el control de cambios abarrotaba las casas de cambio comentando “ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón” y realizaban sus transferencias al exterior, “al mal paso darle prisa” decían sin verguenza…El ministro de Hacienda viendo que la fuga de divisas bajaba drásticamente las reservas internacionales intentó “como gato patas arribas” poner al resto de acuerdo,  diciendo “a la tercera va la vencida”; sabemos que  “Rectificar es de sabios”, así que propuso afinar la estrategia para el refinanciamiento de la deuda externa y “lo que se sembró se cosechó”...Les dije que escucháramos los comentarios que hacía el exministro de finanzas “para redondear la arepa” pero “cuando hay santos nuevos, los viejos no hacen milagros” y demostraron como siempre que “escoba nueva barre bien”; sólo los primeros días después exponen su condición “sacando las pesuñas”… Ya llevamos cuatro años de gestión con estos ministros y yo “los conozco pajaritos“, ”el que nace barrigón, ni que lo fajen chiquito”, “Árbol que nace torcido, nunca su tronco endereza”… Soy consciente que estoy “más enredado que un kilo de estopa” y “más perdido que Adán el día de las madres”, sin rumbo al que seguir, sin saber bien qué decir o hacer porque la cosa está “más difícil que matar un burro a pellizcos”. Pero, he pensado que “no hay mal que por bien no venga” y que trabajando duro veremos que “buey viejo, hace surco derecho” y que más adelante “en el camino se enderezaran las cargas” … “Como vaya viniendo, vamos viendo” sin pensar en planes utópicos porque “Burro que piensa bota la carga” … Hemos llegado al fin de una era de bonanza económica y “se acabaron las vacas gordas”, el pueblo sabe que “a buen entendedor, pocas palabras bastan”, aquella relativa baja inflación en el país “se volvió sal y agua”… Yo sé que “si digo las verdades, voy a perder las amistades” pero “zapatero a sus zapatos” y “cada quien con lo suyo”, ya me han dicho que “a la vejez viruela” porque “más vale maña que fuerza ... La estabilidad económica que habíamos disfrutado en el país será extrañada de aquí en adelante y “con la vara que medí seré medido”… Nos “apretaremos los pantalones” y “echaremos pálante como el sapo, aunque nos puyen los ojos”, “a grandes males, grandes remedios“; ya  “el palo que dimos ni dios nos lo va a quitar”. Me despido ante ustedes diciendo que “No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo aguante”.

 

Venezuela, Cabimas, 13-02-2021

domingo, 7 de febrero de 2021

¡DIOS MÍO!

(INTROITUS MENTALES)

Por Humberto Frontado


            ¡Dios mío! Ésta podría ser la exclamación más recurrente expresada por la mayoría de las personas de este mundo, ya sean religiosas o no, usando su equivalente en el idioma que sea. Es la forma más expedita o “express” para invocar ayuda inmediata al supremo arquitecto del universo. Es un concentrado y poderoso término coloquial que se utiliza en demasía para hallarle solución a todos los problemas que nos abruman en este orbe digitalizado, globalizado y ultramoderno.

           No necesita de templos lúgubres, capillas “sin tinas” y obispoides acartonados para ser escuchada. Puede ser lanzada a los cuatro vientos por unos labios quejitrosos de algún mortal en problema, o por otro ser invadido de sublime alegría y de agradecimiento.

            Buscando explicación sobre el origen de la distinguida expresión, encontramos relatos de quienes la ven conectada a la creencia de que el hombre siendo un animal de dogmas devino por lo tanto en un ser naturalmente religioso. Es frecuente que la expresión aparezca en nuestra mente cuando enfrentamos algo que consideramos está más allá de lo normal y no llegamos a entenderlo; es decir, de la misma manera que consideramos a Dios en nuestra vida como algo que está más allá.

            Aunado a lo anterior encontramos otra que se deriva de la explicación que dió el Papa Benedicto XVI sobre la exclamación de Jesús durante su agonía, recogida en los evangelios, “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado”. El pontífice dijo que ese lamento no fue un grito de desesperación, sino el comienzo de uno de los salmos más profundos del salterio. Por eso lo propuso como un salmo de “oración sincera y conmovedora, de una densidad humana y una riqueza teológica”.

           El salmo presenta la figura de un inocente perseguido y rodeado de enemigos que quieren su muerte. Jesús recurre a Dios con una imploración que, en la certeza de la fe, se abre misteriosamente a la alabanza; pide se escuche y se dé una respuesta, solicita un acercamiento, busca una relación que pueda darle consuelo y salvación. Es una llamada dirigida a Dios que parece lejano, que no responde al llamado y que parece haberlo abandonado.

            A pesar de ello, hay esperanza y no puede creer que su relación con el Señor se haya roto totalmente y afirma que Dios no puede abandonarlo. Ese será el hálito de esperanza que implícito en la expresión nos anima siempre a manifestarla con fe. Por eso continuamente será normal escuchar a alguien levantando la voz, otros casi murmurando y otros silenciosos, diciendo mientras se persignan, ¡Dios mío! En resumen, tomando lo dicho por el Papa, la sobredicha expresión nos coloca, en cada momento que la expresamos, ante la confianza y esperanza de Dios.

             Encontramos también la interpretación basada en el lenguaje y su uso, donde aparecen estereotipos que se han originado en creencias determinadas para luego permanecer como eso: un conjunto de palabras que expresan estados emocionales que no tienen por qué reflejar las creencias de quien las dice. Muchas veces las expresiones han venido heredadas de nuestros ancestros y están instaladas en nuestras mentes hasta que brotan automáticas ante los eventos, como estas otras similares: Madre de Dios, Virgen Santísima, Virgen del Valle, Válgame Dios, Aleluya Dios, etc.

          A continuación, una pequeña lista de complementos cotidianos que se agregan a la expresión:

¡Dios mío! …

           -         …Ayúdame, …ten piedad de mí, …te necesito, …ponme frente a un cerro de billetes, …sácame de esta situación, …dame paz, …¿Por qué a mí?, …quítame ese carajo de enfrente, …quítame esa pava que tengo encima, …consígueme trabajo así sea de limpia platos, etc.

Ahora, sí estamos en Cabimas oiremos otros con más sentimiento.

¡Dios mío! …

           -         …Que no se vaya la luz hoy, …¿cuándo irá a llegar el agua?, ….ojalá hoy pueda echar gasolina, …que el dolor se me vaya pronto y no tenga que ir al hospital o al CDI, …que me alcance la plata para comprar la verdura, …será verdad que nos van a dar lo del petro, …que no sea grave lo que tiene el carro, etc.

            Por otro lado, la expresión ¡Dios mío! baja algunas veces de su altar, y sin cambios en su connotación se transforma en algo más banal y vulgar. Estas equivalencias pueden sonar groseras tales como: ¡vergación!..., ¡carajo!..., ¡coño!..., ¡vaya pá la mierda!..., ¡coño é la madre!..., ¡mierda!..., ¡no joda!..., ¡maldición!..., etc.

           En fin, la santificada expresión para bien o para mal saldrá de nuestras bocas “per secula” como una confesión llena de fe y generadora de esperanza para pedir sutilmente, algunas veces, ¡Dios mío! … ojalá lo parta un rayo a ese desgraciado.

 

Venezuela, Cabimas, 05-02-2021

domingo, 31 de enero de 2021

TIEMPO DE RABOLARGOS Y GUARAMES

 Cuentos de Malengo


Por Humberto Frontado



            Abre el telón la mañana para iniciar la escena; aparece el eterno lunar incandescente en toda su esplendorosa extensión esparciendo sus rayos de luz que se “infinituplican” al atravesar las diminutas gotas de agua, esparcidas por la nutritiva lluvia de la madrugada. Ese día se despertó Coche encandilada por los infinitos destellos amarillos de una conexión de bombillos de alto consumo. Aquel fenómeno hizo escalar momentáneamente un espléndido calor que fue sentido por toda la población; algunos viejos de la isla ya lo conocían como “sofoco mañanero”.

             Los pozos, al pie de los cerros dispersos por todos los pueblos, se atosigaron y calmaron su sed de meses, el agua los desbordó hasta llegar a la cerca de cardones, retamas y tunas que los resguarda. Esos pozos rebosantes del vital líquido eran los que podían calmar la sed de los pueblos. La lluvia también había saturado los abrevaderos de El Secreto en la punta. El escenario estaba preparado para darle la bienvenida a la esplendorosa llegada de un consuetudinario visitante, que con brío y mucho entusiasmo aparecía todos los años por esa fecha en agosto. El día específico de la aparición sólo lo sabía el conglomerado.

           Ya avanzada la mañana en Valle Seco por la calle de tierra corre de prisa un niño descalzo y entra en una de las casas diciendo.

           -         ¡Bendición tía Chon! …¿Dónde está Toño?

          -         Dios te bendiga mijo …¿y cómo amanecieron por tu casa? – contestó la señora secándose las manos en un pedazo de tela que tenía enrollado a la altura del abdomen, éste fungía de delantal protector y evitaba que la orilla del fogón le erosionara la tela de la falda.

          -         Tía … ¿Dónde está Toño? – repitió la pregunta el inquieto muchacho.

        -       ¡Qué sé yo mijo! … ¿y pá que quieres ver a Toño? – preguntó pícaramente la señora al mozo.

       -         Es que él me dijo que lo acompañara al cerro a hacer unas pozas y cebarlas – contestó el muchacho señalando con la mano hacia los cerros.

        -         ¡ay mijito! …ese diablo salió espitao después de tomarse el pocillo de guarapo – contestó la vieja con tono de pena y pasando su mano por la cabeza del niño.

          El mozalbete bajó la testa tristemente y salió de la casa casi llorando. Se detuvo y dió vuelta lentamente para mirar hacia los cerros, con la esperanza de encontrar alguna señal que le indicara hacia dónde había salido su primo. Sin respuesta precisa y sin esperanza se terminaron de desprender mejilla abajo dos gruesas e indecisas lágrimas. Enjugándose las lágrimas con el dorso de la mano caminó hacia la casa de su abuela, se fue directo a la cocina donde estaba la canosa dama terminando de asar las arepas en las brasas. La abuela sin verlo supo que era él y presintiendo su preocupación le expresó.

          -         ¡Mi mai! … ¿qué haces tan temprano por aquí, muchacho?

      -         ¡Abuela! … ¡cuándo es que van a llegar los rabolargos – preguntó angustiado el niño rascándose la cabeza.

        -         ¡Ay mijo! … eso sólo lo saben ellos … ven cómete este bolito con esta media arepa … Lo que si te digo mijo es que el cardumen de pájaros está por llegar.

          El esperanzado niño cambió de semblante; después de comer lo ofrecido por su abuela se fue a su casa se y sentó en un taburete frente al cerro a esperar a su primo. Sacó del bolsillo del pantalón una pequeña china que su padre le había fabricado con una horqueta de guatapanare, unos tirantes de tripa de caucho y cuero de un viejo guante. Escogió un puñado de piedras del suelo y las colocó encima del taburete; comenzó a lanzarlas contra objetos tirados en la quebrada, buscando practicar la puntería.

          Cansado de lanzar guijarros se detuvo al escuchar el llamado de su madre para almorzar. Sentado a la mesa y mientras la mamá le sirve el plato de comida, pregunta inquisitivo.

          -         ¡Mamá! …¿cuándo es que llegan los guarames?

          -         ¡Yyy! … ¿para qué quieres tu saber eso? – preguntó la madre sonriendo.

         -         Para estar preparado y agarrar bastantes para comer – contestó el niño señalando hacia su plato de comida.

          La atareada mujer hace un alto a sus labores y se sienta a la mesa con el inquieto niño y le dice.

             -         ¡Mijo! … te voy a contar algo que sucedió aquí en Coche hace muchos años cuando yo tenía más o menos tu misma edad. Por esta fecha entre mayo y julio, después de amanecer, la gente empezó a escuchar un extraño ruido que provenía del norte desde los lados de Macanao. El cielo se oscureció de pronto y en minutos nos invadió una nube inmensa de pájaros de todo tipo y tamaños que chillaban y revoloteaban por encima de nuestras cabezas. Las pobres aves venían agotadas y sedientas de un largo viaje, se posaban sobre las matas, los techos de las casas buscando refugio de sombra y agua para calmar su sed. Había unos guarames rojizos, otros oscuros y hasta rosados del tamaño de un pollo; las potocas eran inmensas con una rara cola alargada, una sola bastaba para quedar satisfecho; los rabolargos y chulingas eran de casi un metro, parecían unos pavos. Los muchachos se dieron cuenta que no valía la pena poner los lazos. Cuando se hacía un lance de potocas y guarames en una poza de agua, las aves asustadas al levantar vuelo se llevaban de arrastre la red, era demasiado el tamaño de las aves. Era más fácil atraparlas en la noche mientras dormían, con una sábana o una atarraya. Con cinco guarames se llenaba fácil un saco, la gente construyó unos improvisados gallineros con redes de pesca y unas estacas. Otros decidieron matarlos y salarlos para conservar la carne, asoleándolos en latas de zinc o las cuerdas de tender ropa …. Fueron cinco días continuos llegando pájaros de todo tipo a la isla incluyendo paloma torcaz, collarito, codornices de varios colores, turpiales y gonzalitos. En tan sólo tres días el agua de los pozos de toda la isla fue menguada por la inmensa camada de plumíferos. El Secreto no era tan secreto para la bandada de aves nómadas que cayeron en picada y se fueron directo a ese misterioso oasis a calmar la sed. Las mujeres, que llevaban las latas de agua sobre su cabeza, se veían amenazadas del arrebato aéreo perpetrado por los sedientos voladores. En el segundo día de la invasión se vió por primera vez patos y gansos nadando y refrescándose en los pozos de mi tía Chica, Froilán y Ñaña; ese mismo día se fueron. También se logró avistar Gavilanes, Águilas y halcones volando por los cerros, persiguiendo y dándose banquete con todos esos suculentos manjares voladores. El quinto día ya por la tarde se observó la partida de los que se habían quedado pastoreando por los cerros. La ruta continuaba hacia tierra firme, buscando más alimentos para asegurar la supervivencia.

          Aquel niño quedó absorto al escuchar aquella impresionante revelación hecha por su madre. Se quedó más tranquilo y entendió que sólo le quedaba la misión de esperar tranquilo y preparado para la sorpresiva llegada de los consecuentes visitantes. “Sólo ellos sabían cuando iban a aparecer y hasta cuándo se quedarían”.

 

Venezuela, Cabimas, 30-01-2021.

domingo, 24 de enero de 2021

LA DIÁSPORA MARCHANTE

 Por Humberto Frontado



           -         ¡Mamá!… ¡mamá! – gritó el niño jadeante y despavorido después de haber corrido un buen trecho desde la otra calle. La madre que lo escucha angustiada le pregunta.

         -         ¿!Qué fue mijito!?… ¿qué pasó?

         -         ¡El señor Pelón! … ya viene por la otra calle y creo que te trae las dos sillas – contesta el niño satisfecho con su misión.

         -         Está bien, déjalo que venga … aquí lo esperamos – contesta tranquila la mujer, retornando de nuevo a la cocina donde preparaba las arepas para el almuerzo.

         Un rato más tarde se estacionó frente a la casa de la señora un camión que en la parte trasera tenía una armazón metálica cubierta de una verde lona, parecía una carreta sacada de las películas del viejo oeste. Un señor con una prominente calva y acento gocho bajó de aquel carruaje dos sillas corianas y una pequeña mesa cuadrada de madera y se la entregó a la señora. En una manoseada libreta, el curtido comerciante anotó el nuevo pago quincenal que había acordado con la Doña. Aquella voluminosa nave ambulante traía una buena cantidad de utilísima mercancía, entre ellas; utensilios de peltre para la cocina como olletas, jarras, cucharones y platos de todos los tamaños; sartenes, calderos y el mazo afloja carnes; también cubiertos, cuchillos para picar y el valiosísimo batidor manual hecho de madera y alambre. Para los quehaceres de la casa escobas, lampazos y tobos de latón, picos, palas, machetes, barretones, martillos y hasta clavos y tachuelas, toda una ferretería. Traía guindando de la lona las sillas y taburetes, algunas de mimbre y otras de madera y cuero de chivo.

           Seguidamente, con una hora intermedia como en automático, aparecía el señor Tobías; un hombre canoso y de mucha paciencia que se le notaba al hablar. Llegaba con su camionetica con cabina modificada donde traía variedad de mercancía: ropa, zapatos, botas y telas de todo tipo, para vestidos y cortinas. El viejo venía desde Maracaibo y se hospedaba en la incipiente Ciudad Ojeda por unos días, mientras salía de toda la mercadería.

            En esos días el comercio era muy pujante en los campos, debido a la gran actividad que se veía en la zona.

           -         ¡Señor Tobías! ...usted si es confiado …deja abiertas las ventanas de la camioneta, a ver si le roban – le comenta la señora viendo la tranquilidad de aquel hombre.

          El viejo mostrando un inocente gesto de inocencia en su cara le contestó.

         -         Mi señora yo tengo tanto tiempo en estos menesteres que con ver un rato a la gente sé quién me puede echar una vaina y quién no; si me la echa …esa sería la última vez, porque más nunca le fío. En estos campos hay pura gente honesta, pero siempre tengo presente que “entre las corvinas y los robalos puede venir coleada una resbalosa guabina”. Les obsequio la oportunidad de obtener fiao y en cómodas cuotas, sin tener que ir a ningún lado porque les traigo la mercancía hasta su casa; “qué más quieren por medio real”.

          A este par de comerciantes venezolanos emprendedores se le sumaron otros tantos con igual ímpetu de prosperidad, pero en otros ramos específicos como el caso del señor Herminio, quien en una camioneta ranchera traía de Valera materas de todo tipo, plantas ornamentales y abono. Todos ellos fueron pioneros del pujante desarrollo comercial en la zona petrolera.

          Transcurrían los últimos años de la década de los cincuentas ante un prominente auge petrolero y se mantenían los beneficios para los empleados de la industria. La paga semanal, aunado a la ayuda que representaba el comisariato y la clínica, rendía para mantener cómodamente una familia promedio de cinco integrantes.

          A inicio de los sesentas aquella intensa red de comercio instaurada por los venezolanos se vió amenazada de pronto por la intempestiva llegada de migrantes europeos y caribeños, que buscaban ilusionados el Dorado. Italianos, españoles, portugueses, trinitarios llegaron a nuestro territorio con una muda de ropa y un deseo inmenso de prosperar. Unos a recuperar el nivel de vida que habían dejado en su tierra y otros, la gran mayoría, ilusionados con iniciar su proyecto de vida en este rico país.

           Comenzaron a llegar a los campos petroleros como las marabuntas, parecía que se ponían de acuerdo para repartirse las calles intercalando su aparición cada hora. Unos venían a pie y otros más aventajados con una bicicleta de reparto modificada. Los italianos vendían pan en unas grandes cestas tejidas de eneas, otros con las mismas cestas traían flores plásticas, porta retratos, imágenes de santos con sus marcos y adornos de porcelanas; aparecían algunos con una cámara fotográfica, tomaban la foto de la persona y una semana más tarde traían el retrato enmarcado. Los españoles usaban las latas de aceite “los tres cochinitos” para vender sus embutidos, mantequilla, manteca y queso, otros llevaban la maloliente mercancía constituida por capirote y vísceras que vendían para hacer mondongo y guiso. Por último, en las tardes aparecían las trinitarias con sus dulces multicolores apilados en su cabeza. Con el servicio ofrecido por toda esta gente ya los reales no alcanzaban y la gente a veces se endeudaba más de lo que podían pagar.

           -         ¡Corti barato baisana! – se oyó a lo lejos, la gente no entendía aquella expresión y no fue hasta que estuvo bien cerca la persona cuando se le entendió. Vociferaba una corpulenta mujer blanca con un haz de cortes de tela arrumados en su cabeza en total equilibrio.

          Habían aparecido en la zona las turcas con sus cortes de telas estampadas de todo tipo; popelina, lino, lana, gabardina, sedas, satén, casimir, algodón, etc. El intercambio étnico y cultural se daba en todos los sentidos. Las turcas llegaron expeliendo su rancio olor a cebolla, mucho más fuerte que los exhalados por los italianos, españoles y portugueses juntos. Las trinitarias olían a un profundo y exagerado sazón a curry. La gente no dejaba de hablar y preguntarse por qué hedían tanto esos musiús, pero aun así les compraban su mercancía. Se dice que de ese intercambio comercial nació la expresión, ahora muy notoria, de “distanciamiento social”.

           La llegada de este contingente de marchantes desplazó por completo al comerciante venezolano que se sentía seguro en su propio terreno. A ese tropel militante de buhoneros también le tocó su turno, se fue disipando poco a poco al paso del tiempo y el progreso. Tomaron otro rumbo, estableciéndose en las zonas comerciales de la recién remozada Lagunillas, la naciente Ciudad Ojeda, la pujante Cabimas, la remota Bachaquero y la apartada Maracaibo.

           Todos estos marchantes tuvieron la prominente misión de establecer los cánones de moda y estilo en los campos petroleros. Eso se constataba con ver el interior de cada residencia. Era como un patrón calcado para todos sin excepción. En la sala, fiado por el turco Kansao de Lagunillas, un pequeño juego de muebles de madera, algunos tejidos y otros de semicuero; un comedor de cuatro puestos completado con un taburetico de cuero; el infaltable cuadro de la última cena en la pared central y el de la Mona Lisa en la lateral, el televisor a blanco y negro estaba por llegar. En el porche un juego de sillas de mimbre con su mesa con vidrio que apenas le duraba un mes, después era sustituido por un rectángulo de cartón piedra.

           En el cuarto principal una camita con semicolchón de suavespuma y un escaparate de madera; en el cuarto de los niños dos catres de lona y un chinchorro. El que podía le colocaba un abaniquito metálico corta dedos General Electric o Westinghouse a cada aposento. En la cocina una cocinita de dos hornillas conectadas al servicio de gas y la neverita Westinghouse para el agua fría y hielo. Afuera la apreciable batea para lavar la ropa que después fue acompañada por la chacachaca de Maytag. El transporte para ir al trabajo era una bicicleta último modelo, con cauchos banda blanca de Hércules o Phillips.

En aquella época toda la población petrolera se ajustaba imperiosamente a las medidas fijadas por el salario semanal, de tan solo cincuenta y seis bolívaritos.

 

Venezuela, Cabimas, 23-01-2021

domingo, 17 de enero de 2021

CRÓNICA DE UN CAZADOR DE GASOLINA


Por Humberto Frontado



          El viejo hombre buscador de gasolina hizo algunas llamadas y detenidamente revisó el whatsapp, buscando información sobre las estaciones que surtirían gasolina el siguiente día a los carros con placas terminadas en tres y cuatro. Colocó la alarma para levantarse a las tres de la madrugada y se acostó temprano, dejando todo preparado para descansar y levantarse sin problemas.

          Después de cinco horas de durmienda la alarma sonó, sin perder tiempo el sexagenario se incorporó de su lecho, entró al baño y en un dos por tres fue a la cocina a preparar café y un par de sándwiches. Viendo el reloj tomó su café a grandes sorbos y en dos mordidas acabó con uno de los panes. Salió de su casa y se montó en el carro, al prenderlo observó acucioso el nivel de gasolina para constatar que había suficiente para ir y regresar de la cacería de combustible.

          Antes era costumbre del conductor medir los niveles de fluidos del carro antes de encenderlo, ahora con solo estar pendiente de la aguja de la gasolina es suficiente; los recorridos son tan cortos que ni hace falta hacer esas mediciones.

          El añejo acechador de carburante se fue directo a la bomba Bello Monte, el sitio había sido confirmado a última hora y el dato rodó toda la noche. Llegó a la cola y estacionó el carro, según sus cálculos estimó que se encontraba entre los doscientos carros. Se decía que en ese sitio se acostumbraba surtir hasta ciento cincuenta y a veces se extendían hasta los doscientos y pico; aun así, el viejo tomó la determinación de quedarse y ver qué pasaba. Dentro del carro echó el cojín hacia atrás al momento que veía a otro carro estacionar detrás, eso le calmó un poco y le dió confianza para quedarse en el lugar, como pudo se acomodó en el asiento para dormir un rato más hasta el amanecer.

          Con los primeros rayos de luz se comenzó a zarandear buscando acomodo en el duro cojín para continuar dormitando hasta que escuchó voces muy cerca del carro que lo incomodaron y no le permitían seguir durmiendo. Eran tres fastidiosos tipos que se apostaron en el sitio y se recostaron a la cerca con barrotes de hierro, parecía que ese era el sitio acostumbrado de tertulia, era la entrada de un taller de mecánica y ellos al parecer eran empleados que esperaban que el dueño les abriera temprano el portón. Lo cuentos y anécdotas contadas por los jóvenes delataban su calaña de vagos y maleantes. Uno de ellos vanagloriándose a extremo contó de un robo que habían hecho años atrás diciendo.

        -         ¿Te acordáis chamo, cuando robamos el cable de CANTV desde la esquina caliente de la CVP hasta la Casa del Espagueti?

           -         Como no me voy a acordar, no joda – contestó el otro muchacho -  si de vaina no pasé pál otro lado. Me caí del poste ese después de recibir un corrientazo, que todavía no sé de dónde coño vino.

          -         ¡Que molleja! – volvió a comentar el primero - ese cable era tan largo y pesado que tuvimos que enrollarlo y llevárnoslos entre tres, como si fuera un caucho gigante.

          -         Ahora chamo eso no vale la pena – comentó el tercero en tono lastimero – pagan muy poquito, el metro de cable no vale nada y te expones a que te metan preso y luego tienes que pagarles a los pranes del retén o a los malayos del CICPC.

          Desde el interior del local alguien salió y les abrió la compuerta. Más aclarada la mañana la gente alrededor comenzó a moverse hacia la fogosa esquina representada por el cruce de la avenida “F” y la Intercomunal. En ese punto convergen las personas que van al trabajo y toman el transporte, que para esos días estaba escaso. De allí parten hacia las empresas ubicadas en la vía hacia lagunillas, el resto va hacia el centro de Cabimas.

           El buscador se bajó del carro y salió a obtener información, se hablaba que la gandola de gasolina había llegado y descargado a las cuatro de la madrugada y eso era buena señal. A las ocho de la mañana comenzaron a surtir combustible y no fue sino dos horas después cuando el veterano comenzó a mover su carro a paso de morrocoy. Eran tanto los automóviles que estaban colados en la parte delantera que la hilera atrás ni se movía. El desplazamiento era como de apenas tres carros cada media hora. A eso de las doce del mediodía se corrió la fatídica voz de que se había acabado la gasolina. El indagador quedó como a treinta carros de la gasolinera. Tenía que tomar una rápida decisión: seguir en la cola y esperar hasta el otro día con un puesto seguro o partir hacia otra bomba y correr un destino incierto. Tomó la primera opción y esperó hasta el otro día, yendo a su casa a comer y descansar, turnándose con un compañero de cola.

          En el sitio conoció a un joven apodado “el guajiro” que alquilaba puestos para los carros, tenía un local de reparación de alternadores justo donde había quedado su carro, el tipo decía que prefería alquilar el frente del local para los puestos de carros ya que le resultaba más productivo. Después de hablar con él un rato le tomó el número de teléfono para tenerlo presente para otra ocasión, el pago eran tres productos no repetidos o el equivalente en bolívares o dólares.

          Después de aplicar la técnica acostumbrada de pernoctar dentro del carro el pobre viejo se despertó todo tullido, salió y camino un rato estirando su adormecido cuerpo. A las ocho de la mañana se corrió la voz que la gandola cisterna no iba a proveer a la bomba Bello Monte, sino que iba hacerlo en la que está al lado del Reten. El viejo se pasó las manos por la cabeza pensando en lo incomoda y desconcertante que era la situación. Igual se puso a meditar, mientras de lejos algunas personas hacían bulla diciendo que iban a tomar el asunto por sus manos y secuestrar la unidad surtidora, así como otras cosas locas. Tomó nuevamente la decisión conjuntamente con el resto de sus socios de quedarse en la cola considerando el buen puesto que tenía.

           Hizo lo mismo del día anterior se turnaba con el compinche de fila, cada seis horas iba a su casa y venía a ver el carro. Al día siguiente casi a la misma hora sucedió lo inaudito, lo inimaginable; se repitió la siniestra y macabra acción de enviar, por orden expresa, la gandola surtidora a la estación del Reten. Ante tal situación el buscador desconcertado ve ciertos movimientos con los automóviles en hilera y comenzó a correr hacia el suyo y desistir del excelente puesto que tenía. Se montó en su carro y raudo tomó marcha hacia la cola contraria que iba hacia la bomba CVP, solo tenía que dar la vuelta en “U” en la Farmacia Mara Plus y hacer una nueva cola. En esa estación ya estaban surtiendo y la cola bien larga llegaba precisamente allí donde iba a dar la vuelta. Hizo la fila y tuvo que esperar hasta el otro día. Allí repitió la acción de días anteriores, pero con otro nuevo compañero.

           Llegó el tercer día y la gandola surtidora había llegado temprano y repartiendo en la estación CVP y luego para colmo en la aborrecida Bello Monte, ya no había nada que hacer ni siquiera lamentarse. Su mente se bloqueó por un instante pensando en una descomunal explosión que arrasaba con toda el área donde estaba la estación. Volvió en sí cuando vió moverse los carros delante de él en un buen trecho y rápido, así continuo un buen rato.

              Ya había avanzado alguna distancia quedando a más o menos cincuenta metros de un terreno baldío con cerca de bloques sin portón que la gente usaba para hacer sus necesidades emergentes. Salió del carro a tomar aire y a preguntar la hora en la que llegó la gandola de combustible. Conociendo ese dato se podía extrapolar y determinar si había chance o no de echar gasolina ese día. Según sus cálculos no tenía mucha oportunidad, era más de lo que en promedio resultaba; cuatro horas de atención por 10.000 litros en 200 carros. Si la gandola es compartida con otras bombas hay mucho menos chance de echar.

           Durante la larga espera mucha gente iba y venía, caminando por la acera y otros por el lado de la carretera intercomunal, vendiendo café, agua, chupetas, tetas de frutas, etc; otros pedían alguna limosna. El viejo cazador quedó sorprendido por el gran movimiento ese día, parecía que habían pagado la pensión y la gente había salido a comprar comida. Mientras miraba a las personas caminar observó suspicaz a una persona que venía arrastrando con desgano una pequeña carrucha, que parecía un bolso con ruedas modificado para carretear los botellones de agua. Llevaba sobre el carrito una bolsa negra mediana muy cargada, de esas que usan para la basura, la forma amorfa de aquella bolsa hacía que parte de la carga casi rozara con el cemento de la acera. El viejo intrigado lo siguió con su mirada por un momento.

          El curioso personaje se introdujo con su carga al terreno abandonado. Ya en varias ocasiones anteriores el viejo cazador veía entrar y salir gente por esa entrada del terreno. Al parecer la propiedad era paso obligado para las personas que vivían por la calle paralela a la intercomunal, y la usaban para cortar camino hacia ella. La cola seguía avanzando lentamente hasta que vió nuevamente al extraño individuo repitiendo la acción anterior. Salió de un callejón que desembocaba a la intercomunal arrastrando su carrucha con otra bolsa negra cargada, siguió observando su trayecto hasta que entraba al gran patio. Esperó un rato hasta que salió ya sin la bolsa negra. Se calmó al pensar que era uno de esos hombres desconsiderados que, en lugar de usar los servicios del aseo botan la basura en cualquier terreno abandonado.

          La cola avanzó un buen trecho quedando el carro del cazador a escasos metros de la desembocadura del callejón por donde salía el extraño carretero. El viejo intrigado esperó paciente recostado a su carro hasta que hizo su aparición nuevamente el sujeto.  Al pasar por su lado el sexagenario lo emplaza preguntándole.

          -         ¿Amigo que llevas allí?

         El hombre se detuvo frente al viejo, lo miró un instante y siguió caminando. Desconcertado la persona mayor queriendo recriminar su acción le dice.

      -   Amigo, eso que está haciendo está mal – no había culminado su advertencia cuando de pronto se paró y con su mano derecha hizo señas de que se acercara, y en voz baja le dijo.

         -         Es que ayer noche estrangule a mi mujer, hoy la corte en pedazos y ahora la estoy botando en la basura.

          El viejo ante la respuesta del orate quedó anonadado y si palabras. El carruchero retomó su viaje y siguió hasta el terreno de nadie.

          La cola siguió andando y la emoción de estar próximo a echar gasolina hizo que se olvidara del extraño ser. Transcurrieron aceleradamente los últimos minutos que completaban la cuarta hora, el ambiente fue arropado por un sudoroso y agitado misterio, de pronto se oyó a lo lejos faltando veinte carros.

          -         ¡Se acabó la gasolina!

           El cazador de combustible quedó impávido, lentamente se subió al carro, miró angustiado la aguja del nivel de gasolina, lo encendió y se marchó. Quería olvidarse de lo sucedido en esos cuatro días y nuevamente vino de pronto a su memoria la gran explosión que engullía abruptamente las dos estaciones de servicio, las gandolas, las colas de carro y a él también.

          Ya en su casa y descansado, el viejo cazador hizo una retrospectiva de lo que había sucedido esos días atrás y de pronto se acordó del señor de la carretilla con la bolsa negra. Para matar la curiosidad tomó su teléfono y llamó al susodicho Guajiro para preguntarle si había habido un crimen por esa zona. Casi se cae de bruces cuando el alquilador de puestos le cuenta que, efectivamente su compadre Julio había estrangulado a la mujer porque lo tenía obstinado recriminándole siempre que era un vago y no quería trabajar.  El CICPC encontró el cuerpo de la señora repartido en bolsas negras por todo el terreno baldío.

 

Venezuela, Cabimas, 16-01-2021.

Resumen de la ultima entrega

MENTE CAPTUS

  Por Humberto Frontado        Una distintiva especie que por años se ha reproducido desaforada, rompiendo todos los estándares.  ...